Octubre 2013

Abou Zed es un joven estudiante sirio, un musulmán suní de clase media, que actualmente reside en España pero que fue parte activa en la revolución que desde hace más de dos años sacude el país árabe. Los datos de la revolución convertida ya en guerra abierta, según diversos organismos de ayuda humanitaria que trabajan sobre el terreno, son estremecedores: la cifra de muertos supera los 200.000, y ya son más de dos millones los desplazados, la mayoría de ellos obligados a dejar su casa y vivir en condiciones infrahumanas en los campos de refugiados de países vecinos como Turquía, Jordania o Líbano. Últimamente los comités locales vienen denunciando la práctica del régimen de Bachar El Asad de cortar el suministro de alimentos en barrios damascenos como Yarmuk y Muadamija, causando así la muerte de incontables niños por malnutrición. Abou vive en uno de esos barrios yugulados por los controles policiales y los alimentos controlados, el de Kafersouseh.

El pueblo sirio se encuentra hoy entre el miedo a la brutalidad del régimen y el aislamiento internacional, producto de la equívoca política de la ONU y de las principales naciones occidentales. Abou Zed nos explica cómo se iniciaron las protestas y cuál fue su participación en ellas. Además de su experiencia personal, conversamos sobre temas como el islamismo político en la guerra civil, la trampa de la Conferencia de Ginebra II, impulsada por EEUU y Rusia, y el papel de los comités locales

¿Cómo viviste el inicio de la revolución?
– Empecé a participar en los primeros meses, en mayo de 2011. Habíamos oído hablar de las protestas, mis amigos empezaron a discutirlo y veíamos los vídeos de la Primavera Árabe en Túnez, Libia y Egipto. Desde el comienzo de la revolución no teníamos dudas sobre lo que estaba sucediendo en Siria. El pueblo sirio había roto el silencio y comenzado a exigir libertad y reformas para tener justicia y democracia en el país. Pero el régimen de El Asad comenzó a matar a la gente desde los primeros días de la revolución. Primero tuve miedo a participar, sabía lo que me pasaría si me detenían. Más tarde, sin embargo, empecé a tomar parte porque no podía permanecer en silencio tras las muertes de personas inocentes en manos del régimen. Me pillaron en varias ocasiones durante las protestas, me dieron palizas en la calle las milicias de El Asad (Shabiha). Ya no luchábamos por reformas, sino por derrocar a la tiranía siria.

Corrías un gran riesgo. ¿Eras consciente?
– Sabíamos que estaban deteniendo a mucha gente y que incluso disparaban, pero queríamos participar. En Damasco todo era muy estricto, era muy difícil organizar grandes protestas. La mayoría eran pequeñas, sobre todo al principio. Yo estaba en el último semestre de mis estudios en la Universidad de Damasco. Muchos estudiantes nos involucramos. No teníamos ninguna duda de que había que unirse a ellas. Al principio se trataba de luchar por libertad y la justicia, lo único que queríamos eran pequeñas reformas. Todo comenzó cuando las fuerzas de El Asad secuestraron y torturaron a los niños en Daraa por orden de Atef Najib, responsable del Departamento de Seguridad en la provincia de Daraa. Queríamos que él fuera castigado. Comencé a participar en protestas en Midan, un barrio en el centro de Damasco, y también en Kafarsouseh, donde vivía. Son dos barrios muy importantes para la revolución.


“El Asad reaccionó con violencia desde los primeros días de la revolución: bombas de humo, porras eléctricas y arrestos ante manifestaciones pacíficas”


¿Cuál fue la reacción del régimen a las protestas pacíficas?
– Las fuerzas de El Asad reaccionaron con violencia desde los primeros días de la revolución. Yo estaba en las primeras protestas en Midan y Kafarsouseh y vi como las fuerzas del régimen cargaron contra las manifestaciones pacíficas: la policía lanzaba bombas de humo a la gente, les pegaba con porras eléctricas y arrestaba a centenares de personas. Cuando alguien se negaba a huir le disparaban delante de todo el mundo con balas de verdad. Vi a mucha gente a la que dispararon frente a mis ojos.

¿Cuál es el apoyo real que tiene El Asad en Siria?
– En los primeros meses de las protestas él tenía en realidad más apoyo que la oposición. En primer lugar por el miedo, y en segundo lugar porque en un proceso como éste algunas personas no quieren meterse en problemas, se mantienen neutrales. Pero cuando empezó a matar a personas indefensas en las calles las cosas cambiaron radicalmente. Para organizar las manifestaciones pro Asad, guardias del régimen iban a instituciones educativas y gubernamentales, obligaban a estudiantes y empleados a montarse en autobuses llenos de fotos del dictador y los llevaban a las principales plazas de Damasco. Todavía están haciendo eso.

¿Cuál es tu experiencia con los comités locales (CL)?
– En todos los barrios cerca de donde yo vivía había comités locales (CL). Varios amigos míos participaban en ellos. Los CL coordinan a muchas personas y también organizan las protestas, toda la logística:  ¿Cómo llegar a los puntos de encuentro? ¿Cómo huir de las fuerzas de seguridad? Así como signos secretos utilizados por los activistas para comunicarse. Yo no estaba asignado oficialmente a ninguno ya que cuando te pilla la policía lo primero que te preguntan es si estás participando en ellos. Pero a pesar de que no era oficialmente parte de un CL solía ir con ellos a las manifestaciones y a recoger dinero en el barrio para apoyar las actividades. Principalmente para comprar alimentos y medicinas.


“Primero tuve miedo, pero después vi que no podía permanecer ajeno a las muertes de inocentes. Me detuvieron y me encerraron, pero tuve suerte”


Pero pese a que la intención era humanitaria, eran consideradas células terroristas…
– Si, efectivamente. Un año después del inicio de los conflictos había muchos barrios de Damasco muy dañados por los bombardeos del régimen. Incluso ayudar a las zonas afectadas era muy arriesgado. Si las fuerzas de seguridad de El Asad te pillaban con alimentos o medicinas, sabían que ibas a ayudar a personas afectadas. Ellos los llaman terroristas. Y si uno ayuda a un terrorista, se convierte en terrorista. La policía había establecido muchos puntos de control en Damasco para vigilar a la población, verificar sus documentos de identidad y detener a los sospechosos.

Tú mismo estuviste detenido durante 20 días… ¿Qué sucedió?
– Un día las fuerzas de El Asad asesinaron a un conocido mío durante una manifestación y decidimos hacerle un funeral. Tenía 17 años. Fue uno de los primeros amigos que mataron. Lo que solemos hacer cuando alguien muere es un funeral al día siguiente, así que queríamos hacer la ceremonia y una protesta para mostrar a la gente que había sido asesinado por las fuerzas de El Asad, no por los llamados terroristas. Los funerales son muy importantes para mostrar a la población quién está matando al pueblo sirio: la propaganda del régimen dice que muchas muertes son causadas por la oposición. Cuando llegamos al lugar donde íbamos a celebrar el funeral, las fuerzas de El Asad estaban por todas partes. Era imposible escapar. Detuvieron a todos los asistentes.

¿Asistir a un funeral fue motivo de detención?
Reunirse en la calle es motivo para ser arrestado y llevado a la cárcel. Utilizan los funerales como arma política para atacar a la oposición, diciendo que los terroristas matan a la gente y el régimen es quién protege al pueblo. Tratamos de huir de la Shabiha, nos escondimos en una casa pequeña. Pero nos encontraron. Yo sólo estuve en la prisión 20 días, tuve mucha suerte. Todas las demás personas detenidas ese día fueron torturadas y permanecieron en prisión al menos dos meses. Me golpearon, pero nada comparado con lo que le hicieron a los demás. Les aplicaron corriente eléctrica y les dieron con palos en la espalda. Quieren saber si has participado en los comités locales o no. Si has participado u organizado protestas o no. A veces sólo quieren humillar a la persona, maldiciéndola a ella, a su familia y a su religión. Te fuerzan a decir que Bachar es Dios. Si te niegas, te torturan. Te obligan a quitarte la ropa y te tiran agua fría.  Luego, te dejan en el exterior hasta que te secas y te vuelven a tirar agua. Y así sucesivamente…


“Los integristas islámicos están creando conflictos con el Ejército Libre de Siria, no queremos sustituir una dictadura por otra: no va a funcionar”


 

¿Cuál es el papel de los extremistas islámicos en el conflicto?
– Después de más o menos un año y medio de conflicto, la gente comenzó a entender la naturaleza de estas personas. Ellos vienen de Arabia Saudita, Iraq y otros países de la región. Son soldados con experiencia en la guerra y la gente pensaba que iban a venir a ayudar a la revolución. Al principio estaba bien, estaban luchando contra el régimen. Actualmente están causando problemas porque aplican las normas islámicas extremistas en algunas de las zonas que controlan. Por ejemplo, las niñas no pueden caminar por las calles sin el hiyab. He oído que mataron a un joven sólo por faltar al respeto a su propia religión. En Siria no tenemos extremistas. Ellos lo que quieren es transformar Siria en algo similar a Arabia Saudita. No queremos sustituir una dictadura por otra. No va a funcionar. Los extremistas están creando conflictos con el Ejército Libre de Siria. Esto no es bueno. Tenemos que centrarnos en derrotar a El Asad.

¿Qué opinas de la Conferencia de Ginebra II?
–  La idea de una solución diplomática y pacífica es buena. Todos los sirios lo aprobarían, pero no creo que la Conferencia de Ginebra II vaya a ser diferente de las otras conferencias. Sólo dará más tiempo al régimen para continuar masacrando a la gente y tratando de recuperar las zonas liberadas. Este es un régimen asesino, lo único que le importa es mantenerse en el poder. El Asad ha demostrado que sólo quiere contemporizar para recuperar el control del territorio. El asesinato de personajes o líderes del régimen en la llamada Operación célula de crisis, llevada a cabo en mayo de 2012, en la que El Asad asesinó a cuatro importantes figuras del régimen y culpó a la oposición para ganar apoyo popular, es un ejemplo de la intención del régimen de no aceptar ningún tipo de negociación. El Asad está dispuesto a matar a cualquiera que se oponga a él, incluso si son personas del régimen. Para participar en Ginebra la revolución estableció condiciones como la liberación de todos los detenidos, la inmediata salida del criminal Bachar El Asad del poder y el fin del aislamiento de todas las ciudades liberadas.

Imagen

Abou Zed, activista sirio residente en Barcelona. / Gabriel Huland

 

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