por Mohamad Bitari, Barcelona (mayo 2014)

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Algunos meses después del estallido de la revolución siria empezaron a llegar los primeros solicitantes de asilo político a España. Para ello se necesita tener una invitación de algún familiar o amigo residente con la que obtener un visado válido para toda la Unión Europea.

En 2011, 97 sirios solicitaron asilo, en el 2012 aumentaron a 254, hasta alcanzar los 725. En suma se estima que hay un total de 1076 personas. No es una cifra elevada en comparación con otros países europeos. En España es grande la indiferencia con la que la se reciben refugiadxs. La mayoría que llegan vienen de otros países europeos (como Alemania y Suiza) por no cumplir el acuerdo de Dublin, que prohíbe al solicitante obtener el visado en un país y solicitar el asilo en otro, además de establecer que las personas en cuestión deben volver al país que les dio el visado.

En respuesta al fenómeno de refugiadxs sirixs, el Ministerio del Interior creó una oficina especializada para estos casos, donde comienza el proceso de petición de asilo. Mientras se procesa la petición los solicitantes son trasladados a un centro de acogida donde a las familias se les otorgan habitaciones independientes y a lxs solterxs habitaciones compartidas (3 personas por habitación). Según su estado civil se les permite permanecer más o menos tiempo en el centro, así se concede 1 año a las familias y un máximo de 6 meses a lxs solterxs según la nueva ley. El centro se abre a las 7:00 de la mañana y cierra a las 23:00 de la noche y está prohibida la entrada de cualquier persona ajena al centro. Las ayudas económicas provienen de contribuciones de instituciones europeas e internacionales y son canalizadas por el Ministerio de Asuntos Sociales y Trabajo, que las reparten entre asociaciones locales de ayuda humanitaria. Éstas últimas son las encargadas de entregarlas a lxs refugiadxs.

Los problemas en el centro de acogida

Los residentes en los centros de acogida sufren varias dificultades debido a la mala calidad de la comida ofrecida (a pesar del equipo profesional de cocineros que hay), y la escasa ayuda económica: 270 euros para una familia (de 5 personas) y 105 euros para una persona individual. Como dice Abd Alhamwai (un refugiado sirio), “las ayudas no llegan ni para comprar galletas” una vez comprado el abono de metro (45 euros) y otros gastos básicos.

El gran problema empieza cuando lxs refugiadxs deben dejar el centro una vez cumplido el plazo de estancia concedido. A pesar de que la ley garantiza una ayuda que cubre un alquiler, una dieta diaria y el abono de transporte durante un año entero, la misma no se cumple y en los últimos 4 meses el ministerio ha negado la mayoría de solicitudes de ayuda. Dice Nayib: “saldré del centro dentro de 10 días, y todavía la oficina del refugiado no acepta darme la ayuda, la verdad es que ¡no se que hacer ni a donde ir! ”. Mohamad Rahim afirma: ”Esperamos mucho tiempo para poder salir del centro, pero cuando salimos, tanto el gobierno como las asociaciones encargadas de nuestra situación nos han dado la espalda”. Y continua: “no venimos a Europa para morir de hambre, sería más digno haberse quedado en Siria y haber muerto de hambre ahí”. Al respecto explica Santiago, un periodista en la asociación de ayuda al refugiado ACCEM: “todavía no existen en España ayudas a los refugiados sirios en especial a través de los programas de UE, sino ayudas a los refugiados en general, y con los recortes que sufre el sector público han disminuido las ayudas destinadas a esta causa ”.

A pesar de que la causa siria preocupa a buena parte del mundo, en España sigue pareciendo imposible organizar un programa que cuide y asista las necesidades de los 1076 refugiados sirios, lo que empuja a los mismos a preguntarse por las ayudas que recibe el gobierno español de la ONU en nombre de los refugiados. La ONU destina una cantidad de dinero por cada solicitante de refugio al país de acogida mientras se estudia su situación.

Y, ¿después del centro?

Los casos de refugiados sirixs tardan entre 1 año y un año y medio para tramitarse, aunque la negativa está casi asegurada. En 2012, de 254 solicitantes, sólo se concedió el asilo a una persona.

“Los informes de los sirios se olvidan entre el montón de papeles acumulados, y sin un carnet de residencia no se puede buscar trabajo en España ni salir fuera del territorio, con lo cual no se tiene la mayoría de los derechos”, explica Abd Alhamwai, que protestó en la oficina del refugiado y exigió una entrevista con el responsable de los sirios, pero le contestaron que dicho responsable no tiene tiempo, mientras los abogados encargados de los casos no dejan de repetir que “el caso sirio en España es casi obsoleto”.

Leila Nachawati (española de origen sirio), activista e investigadora de redes sociales, aclara que “todavía no existe una voluntad política por parte del gobierno español para solucionar el problema de los refugiados sirios, incluso puede que el gobierno de derechas actual aproveche las ayudas en el contexto de la crisis económica y financiera que atraviesa”. Y añade: “parece que todas las leyes que tratan la situación de los sirios provienen de una decisión política que prefiere que vayan a otro país para pedir asilo y que no vengan a España”.

Una vez en España los sirios entran en un limbo paradójico, la trampa desde donde no pueden volver hacia el genocidio, ni avanzar hacia otro país europeo donde podría haber mejores condiciones de acogida.

 

 

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