2 de Junio de 2014, por Leila Shrooms (http://leilashrooms.wordpress.com/)

31/5/14 protesta en Douma llamando a la liberación del grupo de activistas secuestrados “Douma4”. Foto via: Douma Local Council Facebook page
31/5/14 protesta en Douma llamando a la liberación del grupo de activistas secuestrados “Douma4”. Foto via: Douma Local Council Facebook page

Lo siguiente está basado en una presentación por skype que di en el panel “La revolución siria: Movimientos de Base y Cobertura Mediática” organizado por el MENA Solidarity Network-US y la Campaña Global en Solidaridad con la Revolución Siria, en el Foro de la Izquierda, en Nueva York.

Gran parte del debate sobre Siria entre la gente que se identifica de “izquierdas”, tanto en Occidente como en el Mundo Árabe, ha estado dominado por los temas más predominantes en los medios, centrados en la geopolítica, la militarización, el islamismo y el sectarismo. Ha sido definitivamente un discurso muy centrado en el Estado. En cambio, parece existir muy poco conocimiento o discusión sobre las luchas populares o los movimientos civiles de base en Siria. Esto es extraño pues las políticas de liberación no deberían estar basadas en discusiones entre líderes políticos y estados, sino en las luchas de la gente por la libertad, dignidad y justicia social.

La consecuencia de esta adopción tan poco crítica y la regurgitación de las narrativas desde arriba hacia abajo tiene una doble lectura. En primer lugar, resta atención a cualquier debate real sobre cómo mostrar solidaridad a aquellos sobre el terreno que luchan para conseguir unos ideales supuestamente compartidos por la izquierda. Y en segundo lugar, dificulta cualquier discusión dentro de la izquierda sobre lo que podemos aprender y ganar de la experiencia de los revolucionarios sirios y su valiente lucha, así como de los muchos retos a los que se enfrentan (todos somos conscientes de que la revolución siria es atacada desde todos los frentes). Finalmente, el fracaso a la hora de apoyar los movimientos civiles en el terreno, y la falta de capacidad para responder de forma flexible a las situaciones revolucionarias reales cuando se desarrollan, hace a la izquierda cada vez menos relevante como movimiento político.

El punto de partida para la solidaridad internacional debe centrarse sobre dos cuestiones. Primero, ¿existe un levantamiento popular? Y segundo, ¿hay gente en el terreno o elementos dentro del levantamiento cuya visión comparto? Y al menos en mi caso, la respuesta a ambas preguntas es un sí.

Durante el levantamiento sirio, ha sido especialmente llamativo el nivel de auto-organización de la gente. Desde marzo de 2011, cuando Siria se levantó en enormes multitudes pidiendo la caída del régimen, hemos podido ver brotar comités locales y consejos locales por todo el país y hemos sido testigos de la formación de numerosas iniciativas y coaliciones de base. Frente a las restricciones que existían previamente en lo que se refiere a cualquier tipo de organización fuera del marco del estado, esto ha sido un logro monumental.

Estos comités y alianzas han emergido espontáneamente, fruto de la necesidad. Se componen de todos los segmentos de la sociedad, por naturaleza carecen en su mayoría de líderes, haciendo hincapié en la descentralización administrativa, y han rechazado ser representados por partidos políticos o utilizados como herramientas políticas, insistiendo tanto en la autonomía del movimiento como en el desencanto popular con la representación ofrecida por los líderes políticos.

Los comités y consejos locales se basan en la visión del revolucionario sirio Omar Aziz. Él se dio cuenta de que los enfrentamientos contra el estado únicamente en forma de protestas no eran suficientes para llevar a cabo una transformación social y que una nueva sociedad debía ser construida desde abajo hacia arriba para desafiar las estructuras autoritarias y derivar en la trasformación del sistema de valores del pueblo. Identificó el tiempo de revolución como el momento para reclamar autonomía y poner sobre la mesa un programa lo más alternativo posible.

Aziz creía, acertadamente como la experiencia ha demostrado, que los consejos/comités promoverían la solidaridad y cooperación humana y civil y fomentarían el desarrollo de iniciativas comunitarias extraordinarias. Además de eso, y sobre todo, los consejos permitirían a la gente dilucidar por sí misma las soluciones más apropiadas para sus problemas, reduciendo su dependencia de las instituciones y del estado.

Hoy, los comités locales y los consejos existen por toda Siria. En los comités, los activistas revolucionarios documentan e informan sobre las violaciones perpetradas por el régimen (y otros actores), organizan protestas y campañas de desobediencia civil, reúnen y proveen ayuda y suministros humanitarios y los distribuyen en las áreas bajo bombardeos o asedio. Operan organizados de forma horizontal, a partir de grupos sin líderes, compuestos por todos los segmentos de la sociedad. Pese a organizarse a nivel local, han construido redes de solidaridad y ayuda mutua a través de todo el país.

Los consejos locales también se han establecido a nivel de distrito y ciudad, actuando como principales estructuras administrativas en las áreas liberadas del estado. Esto asegura la provisión de servicios básicos (suministro de agua y luz, educación, recogida de basuras), coordinados con los comités locales y coordinados con los grupo de resistencia armada para mantener la seguridad. A menudo están compuestos por activistas civiles que habían participado en las manifestaciones, así como de gente seleccionada por sus habilidades técnicas o profesionales. Generalmente siguen algún tipo de modelo de democracia representativa, habiéndose llevado a cabo elecciones libres a nivel local en las zonas donde han sido establecidos, algo que no había ocurrido en Siria bajo las cuatro décadas del partido Baath en el poder.

Estas formas de organización son inspiradoras porque se basan en la cooperación social y la ayuda mutua, yendo más allá de la forma del estado, dejando entrever cómo podría ser un nuevo tipo de orden social. Su trabajo está dirigido a la reconfiguración de las relaciones sociales, diferenciándose de aquellas basadas en la jerarquía y la dominación a través del empoderamiento de los individuos y las comunidades. Es aquí donde ocurre una revolución social y una transformación radical del sistema de valores de la gente. Es aquí donde vemos la revolución en su lado creativo y no sólo el papel destructivo. Esto no quiere decir que este tipo de iniciativas no enfrenten enormes retos. Trabajar en una atmosfera altamente militarizada es cada vez más difícil para los activistas civiles, que carecen de los recursos necesarios para llevar a cabo las actividades y que en muchas áreas han luchado por mantenerse independientes de los grupos armados o se han visto atacados por grupos militantes yihadistas. Pero continúan con su trabajo. En términos de solidaridad es importante preguntarse cómo podemos construir sobre los espacios emancipatorios que se han creado, apoyar la radicalización de los participantes y resistir la destrucción de estos espacios a manos del actual o futuro gobierno o de otros grupos que se disputan el poder político.

Muchas otras iniciativas están teniendo lugar. Sólo en el último par de semanas hemos sido testigos de una huelga en Menbij contra el grupo extremista contra-revolucionario del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) tras los ataques del ISIS contra los civiles en la ciudad, incluyendo acosos, arrestos y ejecuciones. La huelga tuvo un seguimiento del 90%, viéndose tiendas y negocios cerrados. Los sirios de nuevo afirman su voluntad de no aceptar el reemplazo de una tiranía por otra. También ha sido lanzada la campaña por los Douma4 por la liberación de los activistas Razan Zaitouneh , Wael Hamada, Nazem Hamadi y Samira Khalil, secuestrados hace seis meses por pistoleros desconocidos. Estos activistas se comprometieron con la lucha contra el autoritarismo del régimen de Baath mucho antes del inicio del levantamiento y permanecieron en Siria a lo largo de la revolución para exponer sin descanso los crímenes cometidos tanto por el régimen como por otros grupos armados. Se organizó una pequeña protesta para pedir su liberación hace pocos días en Alepo y hoy se ha realizado otra en la plaza principal de Douma. También se ha lanzado la campaña “Elecciones de Sangre” contra la re-elección de Assad, quien pretende continuar bombardeando, matando de hambre y torturando al pueblo sirio para someterlo. Las elecciones sólo se llevarán a cabo en las áreas bajo control del régimen. Casi 3 millones han abandonado el país y no cumplen con los requisitos para votar, y otros 6,5 millones se encuentran desplazados internamente (en total suman bastante más de una tercera parte de la población). El Sindicato de Estudiantes de Siria Libre ha organizado sentadas contra esta farsa electoral y activistas en Damasco han distribuido panfletos llamando a la gente a boicotearla en las áreas controladas por el régimen. También los refugiados han organizado protestas contra las elecciones como en Arsal, Líbano.

Son estas iniciativas y esta gente las que me inspiran. Quizás no sean la voz más fuerte, quizás no sean el actor más poderoso, pero yo veo en su lucha algo con lo que me puedo identificar, como una lucha que comparto. Debemos ir más allá de la visión romántica de un levantamiento unificado de los pueblos a nivel nacional e internacional, en el que la gente se unirá bajo un objetivo común, se deshará de las cadenas de su opresión y se movilizará hacia un futuro utópico. Debemos ir más allá del dogmatismo ideológico. Las revoluciones las construye la gente, a través de un arduo trabajo, lucha y sacrificio sobre el terreno. En el espíritu de la solidaridad internacionalista debemos mostrarles que no están solos.

Nuestro fracaso al no unirnos a las luchas sociales tal como nos las encontramos las deja abiertas a ser monopolizadas por las fuerzas reaccionarias. La solidaridad práctica con la revolución siria ha venido principalmente de los islamistas políticos y esto por supuesto acarrea una amplia cantidad de cuestiones respecto a lo que la izquierda puede aprender de los islamistas políticos en el sentido y naturaleza de la solidaridad, por qué la izquierda se queja sobre la dominancia de los islamistas cuando ella misma les ha dejado el escenario totalmente abierto y por qué la izquierda continua creyendo que luchar contra un régimen tirano es de alguna manera dominio exclusivo de la izquierda secular. La izquierda no tendrá voz alguna si no se une activamente en el apoyo a los camaradas en lucha en vez de limitar sus actividades a criticar a aquellos que lo hacen. Por supuesto, la contrabalanza más fuerte contra las versiones extremas y reaccionarias del Islamismo sigue siendo el apoyo y la solidaridad con los elementos democráticos en lucha por la libertad contra un régimen tiránico y contra los grupos extremistas contra-revolucionarios.

Toda lucha social contiene elementos que la izquierda puede apoyar y debemos buscarlos y escucharlos. Los actos más sencillos de solidaridad incluyen reconocer una lucha, encontrar aliados naturales como los trabajadores, grupos marginados y minorías, la oposición democrática y de izquierdas, escuchar a la gente sobre el terreno y promover sus voces, contrarrestar la propaganda, exponer los crímenes del régimen o los crímenes perpetrados por otros actores, publicar manifiestos en solidaridad y acudir a actos en solidaridad. Pero debemos ir más allá de los simples manifiestos y hacia la actividad organizativa, conectando las acciones y involucrando a más gente. La izquierda debe comprometerse a permanecer fiel a las iniciativas y redes de la sociedad civil así como de los comités y consejos locales por toda Siria. Hay un mínimo básico de respuesta humanitaria al sufrimiento masivo del pueblo sirio y se debe dar apoyo a aquellos esfuerzos por organizar y recolectar provisiones de ayuda. Mucho de este trabajo está siendo realizado en este momento por la comunidad siria en el extranjero pero no está conectado a la izquierda, al menos que yo sepa.

En conclusión, no es necesaria una comprensión profunda ni de geopolítica ni de filosofía rusa del siglo XIX para saber dónde se está dando una lucha. Los revolucionarios sirios no tienen el lujo del tiempo o el espacio para entrar en debates teóricos interminables sobre la naturaleza y la dirección del levantamiento. Están demasiado ocupados haciendo la revolución. Deberíamos preguntarnos a nosotros/as mismos/as cómo podemos apoyarlos en este objetivo.

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