10955680_786504994765153_6021927409657075894_nEl régimen de Bashar el Assad está utilizando toda la fuerza militar de la que dispone para derrotar a la revolución popular que empezó hace 4 años. A pesar de los bombardeos de la artillería del régimen y de su aviación, de las masacres que han producido más de 300.000 muertos, de la persecución política en masa, la revolución resiste, en los territorios liberados y en los corazones de cada sirio y siria. Siguen queriendo libertad.

Animada por el levantamiento de los pueblos egipcio y tunecino, las raíces de la revolución de marzo de 2011 fueron la autocracia de hierro y el creciente aumento de las desigualdades sociales, resultado de la aplicación de políticas neoliberales desde la llegada de Bashar al-Assad al poder, en el 2000. Antes de las revueltas masivas, ya el 40% de la población se encontraba bajo el umbral de la pobreza. Como es natural, y como hicimos todas y todos en nuestras propias ciudades, el pueblo no aguantó más y se armó de valor para protestar, a lo que el régimen respondió desde el principio con munición real y francotiradores, encarcelando y asesinando bajo tortura a los y las jóvenes activistas, como Gyath Matar, que ofrecía rosas a los soldados armados en Damasco, intentando dialogar con ellos; o Razan Zeituneh, activista por los derechos humanos, que sigue desaparecida.

Hoy en día, la crisis humanitaria en Siria es la más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Aparte de los 300.000 muertos, hay más de 3 millones de refugiados en el extranjero, 7 millones de desplazados internos y decenas de miles de detenidos y desaparecidos.

Los países europeos ignoran el sufrimiento de los sirios y sirias. Siguen manteniendo relaciones diplomáticas con el régimen de Assad y no cumplen con sus responsabilidades en la acogida y el reasentamiento de las personas refugiadas, viéndose estas obligadas a escapar por las vías más peligrosas, atravesando Europa a pie o cruzando el cementerio marino en el que se ha convertido nuestro Mediterráneo, cayendo víctimas de las mafias que se están enriqueciendo con este éxodo.

10711084_560914630706736_6546979373138377598_nEl autodenominado Estado Islámico (ISIS), que nada tiene que ver con el Islam y cuyas víctimas son mayoritariamente musulmanas, representa fuerzas dicatatoriales fascistas. El ISIS ataca a la revolución por la retaguardia, asesinando y secuestrando a sus líderes, a sus activistas, debilitando sus fuerzas y actuando como fuerza auxiliar del régimen. A su vez, sirve de excusa tanto para Assad, que se presenta como adalid de la lucha contra el terrorismo que él mismo promulga, como a los estados árabes y occidentales para endurecer medidas y leyes en pos de la “seguridad nacional”.

Estamos con la población civil organizada en Comités Locales y en las brigadas del Ejército Sirio Libre. Defendemos la vida ante la barbarie representada por el régimen de Assad y por el ISIS. Pese a la falta de apoyos a nivel internacional, después de cuatro años el pueblo sirio resiste; sigue queriendo libertad.

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