Autora: Leila Al Shami | Publicado originalmente en inglés en su blog el 7/11/2015
Han pasado ya cinco semanas desde que Rusia comenzó su campaña de bombardeo en apoyo del régimen fascista en Siria, transformando una lucha doméstica contra la tiranía en una resistencia contra la invasión y la ocupación extranjera. El discurso usado para justificar la intervención rusa es una extensión de la consabida “guerra contra el terror”. Los americanos invadieron y ocuparon Irak y Afganistán bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, creando así más terrorismo y extremismo, y ahora los rusos e iranís hacen lo mismo en Siria. La diferencia es que muchos de aquellos que expresaron abiertamente su rechazo a la primera guerra contra el terror, permanecen ahora callados o apoyan activamente esta última reencarnación.

Está claro que el “terrorismo” es un término comodín que el régimen sirio emplea contra la disidencia. Y los principales objetivos de las aventuras imperialistas de Rusia no han sido los fascistas de Daesh (ISIS). Bien al contrario, el poderío militar ruso se dirige a las milicias de la resistencia siria y a los civiles que viven en las zonas liberadas, que se han convertido en campos de la muerte bajo las tácticas de tierra quemada del estado o los devastadores bloqueos. Son los suburbios de la clase obrera y los distritos rurales de Hama e Idlib, aquellos que se rebelaron tan intensamente contra el régimen, sobre los que se abaten los ataques aéreos rusos. La gente atacada en Homs es aquella que venció a Daesh hace un año. Más de 254 civiles, incluyendo al menos 83 niños y niñas, han fallecido bajo los ataques aéreos rusos [1]. Su objetivo han sido hospitales, almacenes de distribución de pan, consejos civiles y lugares históricos y arqueológicos. Decenas de miles de personas han sido desplazadas de sus casas, muchas ya víctimas de desplazamientos anteriores, se refugian ahora bajo los árboles o en cuevas ante la amenaza del invierno.

Y aún con todo este poderío militar parece que Assad tendrá problemas para reafirmar su dominio sobre las tres cuartas partes del país que ya ha perdido. La resistencia continúa haciendo avances y liberando pueblos alrededor de Hama, incluso bajo las bombas rusas, asestando un duro golpe a las desmoralizadas tropas del régimen. Hay menos razones para el optimismo en Alepo, donde el régimen ha hecho avances significativos con su tremenda dependencia de las milicias chiitas extranjeras sobre el terreno, provenientes de Irán y Líbano, y con el apoyo de Rusia desde el cielo. Pero mientras el ejército “árabe” sirio de Assad está cada vez más fragmentado y parece demasiado débil como para recuperar y mantener el territorio perdido, la resistencia se ve más unida de lo que ha estado en mucho tiempo.

Aquellos que despertaron a la tragedia que acontece en Siria sólo cuando Daesh decapitó a un americano o cuando los refugiados llegan empapados a las costas europeas, desconocerán la trayectoria de la heroica lucha de Siria: una lucha que combate múltiples enemigos tanto domésticos como extranjeros. Esto les lleva a concluir que nunca hubo una revolución; que todo fue una conspiración islamista o extranjera. Otros sugieren que Assad es el mal menor – a pesar de ser responsable del 96 por ciento de las muertes civiles y de la crisis de refugiados – y que la “estabilidad” basada en una aparato de seguridad militar es más importante que la libertad. Este revisionismo es una traición al levantamiento popular que vio a hombres y mujeres de todas las sectas, religiones y contextos pedir la caída del sistema opresor. Gente que salió a las calles desarmada y se enfrentó sola a las balas y tanques del estado, y que les ha costado tantas vidas. Y cuando la revolución se militarizó frente a tanta violencia, cuando las manipulaciones y el terror del régimen crearon el espectro del sectarismo y el extremismo islamista, cuando los señores de la guerra empezaron a aterrorizar las áreas liberadas y países extranjeros comenzaron a reivindicar su hegemonía sobre varias facciones, los sirios y sirias revolucionarias fueron traicionadas y abandonadas. Su movimiento pasó a ser juzgado únicamente según la fuerza de la contra-revolución. Esta percepción sesgada fue una victoria más para el sistema internacional de estados.

Algunas figuras importantes de la izquierda occidental aseguran que “ya no quedan tipos buenos en Siria”. Este análisis es fruto de un orientalismo generalizado, que ve a los árabes como un todo – un pueblo violento, retrógrado y necesitado de guía externa. No se distingue entre combatientes y activistas no-violentos, entre seculares e islamistas, entre moderados y extremistas. Como si la diversidad de opiniones, políticas, culturas y métodos de lucha fueran sólo dominio de la sociedad occidental. Y por supuesto… los árabes… claro, deben ser guiados por occidentales iluminados sobre lo que significa el imperialismo.

El 2 de octubre, los Comités de Coordinación Locales publicaron una declaración condenando la agresión rusa y llamando a “todas las fuerzas y facciones revolucionarios a unirse por todos los medios”. Por todo el país, los sirios y sirias que viven bajo condiciones apocalípticas han tomado las calles con las mismas demandas. En Alepo, los manifestantes se reunieron en los barrios de Tariq Al-Bab, Tel Rifaat y Salahudeen . En Idlib, la gente salió a las calles en Ma’arat al-Nu’man y Kafranbel, donde los soldados del Ejército Libre se unieron a las protestas que cada viernes organizan regularmente los civiles. Una pancarta decía “¡Putin! Haz que tus soldados vuelvan a salvo, o te los enviaremos en ataúdes”. También se han llevado a cabo manifestaciones en Inkhil, en Daraa, al sur, y en Damasco y sus suburbios; en Saqba en Guta Oriental, en Qaboun y en Duma, donde un señor mayor declara: “Siria es para nosotros, no para la casa de los Assad, ni para Rusia, ni Irán, ni Líbano”. Hay muchos sirios y sirias que creen en la autodeterminación, que continuarán luchando por una vida en dignidad libre de todo totalitarismo.

Mientras tanto, la izquierda autoritaria continúa ocupándose del juego de ajedrez de los estados y la lucha por la hegemonía territorial… y la sangre del pueblo sirio se derrama.

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[1] NB. Estos datos son de hace una semana antes de las masacres de civiles en los mercados de Duma, AlBoukamal y otros lugares


Traducción: Elisa Marvena

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