Acerca de la manifestación “No a la guerra en Siria”, del 12 de diciembre de 2016, en Madrid.

Autor: Alfonso Vázquez

13 diciembre 2016.

Se nos ha visto y oído en un lugar donde no se nos esperaba, aunque no entendemos por qué no se nos esperaba.

Es doloroso que se organice un acto en favor de la paz en Siria ¡y no se cuente con ningún sirio!

Gracias a la insistencia de Gabriel, Benito, Eduardo, Fabiola…, se pudo ver y escuchar a Wasim, apátrida, refugiado sirio-palestino en España, oriundo de Dar’a.

Es lamentable que Wasim, con su bandera de Siria Libre, tuviera que luchar por el micrófono, que solo a regañadientes se pudiera escuchar su voz, la voz de un refugiado sirio (¡uno!). Tras su alegato, la organización tomó el micrófono y proclamó: “… y ahora vamos a continuar con nuestro acto por la paz”.

wasim
Wasim, Madrid – Puerta del Sol, 12 de diciembre de 2016. Foto de Huda Siria.

La organización no puede señalarlo con mayor desprecio: subraya la discontinuidad entre su acto por la paz y la intervención de un refugiado sirio. Apenas se guardan las formas: “… vamos a continuar con nuestro acto por la paz”.

Esto es, se trata de un acto por la paz que ha sido interrumpido y que además es de alguien, es nuestro.

A veces es preciso pedir perdón por existir. Este es uno de esos momentos, pues hemos venido a hablar de otra cosa en un lugar que no nos corresponde.

Hemos venido a hablar de los responsables de una guerra, porque no se puede hablar de paz sin señalar a los culpables de la guerra.

Wasim lo ha dicho muy claro: cuando se habla de Palestina, se señalan los crímenes de Israel; cuando se habla de Siria, ¡no se pueden señalar los crímenes de Assad!

Aclarémoslo: hay un genocidio en Siria, y sus máximos responsables son Assad y Rusia.

Luego se pueden señalar más criminales, evidentemente, muchos: el Daesh, los grupos yihadistas, Hezbollah, los estados del Golfo, Estados Unidos, la Unión Europea, España…

Parece ser que no hay ningún problema para señalar a todos estos criminales de lesa humanidad, ¡pero cuidado con señalar a Assad y a Putin!

Se puede decir que España es culpable por vender armas a Siria, pero si llevas un cartel que dice Assad y Putin asesinos, viene la organización a decirte que lo quites, no se vaya a herir alguna sensibilidad.

Se refiere a la sensibilidad de los genocidas y de sus apólogos.

En cambio, señalar a España no suscita, al parecer, la irritación de ninguna sensibilidad. España es culpable de vender armas, podemos decirlo hasta la saciedad.

Todo el mundo grita ¡No a la guerra! ¡No a la guerra!…

¿Pero qué están gritando? ¿Conserva esta consigna algún significado?

Bajo ella, no cabe decir ¡No a los barriles bomba arrojados por Assad sobre la población civil!, ¡No al bombardeo ruso de escuelas y hospitales!

Si transformamos ¡No a la guerra! en cualquiera de sus concreciones más evidentes podemos herir alguna sensibilidad. Y es preciso que ¡No a la guerra! continúe siendo un grito inocuo, sin consecuencias.

Quiere decir que la gente no se mate, pero no quiere decir que dejen de hacerlo ya, ni concretamente quién debe dejar de hacerlo. Así las cosas, ¡No a la guerra! vilifica tanto a la víctima como al agresor. Aplicado a la violencia machista, quiere decir que la mujer sea paciente.

¡No a la guerra! es entonces mirar para otro sitio. Atar las manos de la víctima con una canción pacifista… mientras merodea el criminal.

¿Por qué hay que explicarlo? ¿No cae por su propio peso? Cuando señalamos a Assad como criminal, ¿cometemos alguna felonía? ¿Se nos puede acusar de algo?

La organización ha cedido ante las presiones de grupos extremistas y ante una genuina conspiración de necios. O bien ha tomado estas presiones como excusa.

Primero quitaron la imagen de los cascos blancos del cartel, luego cambiaron el manifiesto original porque se posicionaba. Luego trataron de impedir que hablaran los sirios. Finalmente se vilificó la intervención del único sirio que se plantó para hablar, tal y como hace ya más de cinco años ese mismo sirio lo hizo en las calles de Dar’a, bajo el fuego de Assad. ¿Quién piensa que puede pararlo?

Había que quitarse la venda para ver, no para seguir ciegos.

 

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