Escrito por Taha Bali (13/12/2016)

Todo el mundo tiene algo por lo que llorar bajo los escombros de Alepo.


Para aquellas personas que creen en las tácticas de resistencia civiles y pacíficas como método para conseguir el cambio. Alepo fue la ciudad que produjo el movimiento estudiantil más relevante y significativo de la revolución siria y, un tiempo más tarde, fue en las zonas liberadas de Alepo donde se dieron las manifestaciones más activas en contra del ISIS y una efectiva, aunque contenciosa e imperfecta, supervisión por parte de la sociedad civil y los cuerpos de gobierno local sobre las facciones militares. Nada de esto ha sido o será jamás permitido bajo el totalitarismo de Asad.

Para los árabes, musulmanes e internacionalistas en cualquier lugar del mundo, que valoran profundamente la virtud de la solidaridad. Difícilmente tiene la historia moderna un mejor ejemplo de la caída en bancarrota de la empatía colectiva. Basta contrastar con las protestas contra la guerra de Irak en 2002-2003 para apreciar la hipocresía del Sur Global y de la izquierda global en relación a la tragedia siria. Lo que importó e importa es, según parece, el criminal, nunca la víctima.

Para los jóvenes ‘millennials’ que se adhieren a la ilusión de que las tecnologías de la comunicación de la era moderna nos han acercado y son una salvaguarda contra la falta de respuesta a las atrocidades en masa. Los eventos en Alepo se dieron delante de nuestros ojos, casi literalmente. El bombardeo fue transmitido en Facebook Live y la sangre de las víctimas impregnó YouTube. En todo caso, la tecnología moderna permitió que la desinformación rusa se extendiera más amplia y profundamente. Permitió que asuntos triviales abrumaran a la audiencia y distrajeran a los medios, e incluso eligieran a un bufón como presidente del país más poderoso del mundo. De hecho, fue el tuiteo y retuiteo de Donald Trump lo que ocupó las “noticias” durante los últimos días, eclipsando cualquier otra cosa de sustancia real.

Para los “anti-imperialistas” y los defensores de la Ley Internacional y sus normas. Contemplad, mirad cómo las tropas asadistas mayoritariamente extranjeras (libanesas, iraquíes, iraníes, afganas, palestinas, rusas y paquistaníes) con la ayuda de consejeros militares mayoritariamente extranjeros (iraníes y rusos) y una fuerza aérea de mayoría extranjera (rusa) ocupan el este de Alepo y aplastan a la resistencia civil y militar local, compuesta casi enteramente por sirios. Contemplad cómo las armas de destrucción masiva continúan siendo usadas de forma regular contra los locales indefensos mientras “Siria” se convierte en otra pieza utilizada por Putin para presionar a otros “actores” internacionales.

Para cualquiera que creciera viendo las noticias de la Intifada y las guerras de Gaza y se identifique como partidario de la causa palestina. Allí en Alepo, y en Siria entera, radica un ejemplo incluso más espectacular del castigo colectivo a través de la guerra asimétrica, el desplazamiento irreversible de la población, la politización fácil de la etiqueta de terrorismo, y los prolongados asedios civiles, todo ello siendo recompensado por una serie de vetos contra el consenso internacional en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Para aquellas personas cuya principal razón para prestar atención a Oriente Medio es la preocupación con el ISIS y el extremismo en su globalidad. Quédense tranquilos, los “extremistas” han emergido victoriosos junto con Asad y Putin. Dejando a un lado los factores materiales inmediatos que refuerzan el extremismo –pobreza, desarraigo de la población, ilegitimidad del gobierno central, esperada opresión sectaria — la derrota de una revolución pluralista en busca de la dignidad para todos, y la percibida convergencia internacional sobre dicha derrota, resonarán durante generaciones venideras y serán sin duda la herramienta de captación definitiva para el ISIS y su engendro. Es el nihilismo, después de todo, lo que alimenta el extremismo más que ninguna otra cosa.

Para aquellas que simpatizan con las personas refugiadas, incluídas las que les preocupa el futuro de la UE y su habilidad para aguantar la crisis de refugiados. La Solución Final de Asad (y de Irán) ha sido despoblar irreversiblemente las regiones que se levantaron contra su gobierno. El “Ejército Sirio” está tensado hasta la saciedad y, sencillamente, le falta mano de obra para aguantar en territorio urbano con los niveles de población anteriores a la guerra. Sólo se puede esperar que el problema de los refugiados crezca y, como referencia y para conceptualizar cómo se desarrollará durante los años, recordad que hay 15 veces más sirios desplazados interna y externamente que que fueron los palestinos desplazados en la Nakba.

Y, finalmente, para aquellas personas que nos atrevimos a soñar con ver los frutos de una revolución noble. Alepo será el desalentador recuerdo de cuán costosas y a veces aparentemente inalcanzables son la Libertad y la Justicia. Lloramos nuestras memorias, nuestros camaradas y seres queridos. Lloramos nuestra ingenuidad, nuestra ignorancia, nuestras ideologías. Pero, no se confundan, no lloramos nuestra deuda con los caídos; nuestra determinación de ver la justicia cumplida; o nuestra esperanza por una Siria mejor.

Esta historia no ha acabado.

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