Autor: Robin Yassin-Kassab

Publicado originalmente en inglés en Qunfuz el 31/10/2016

Me encontré con el anarquismo demasiado tarde para empezar a llamarme anarquista. En etapas anteriores me gustaba adoptar etiquetas como “izquierdista”, o “árabe” o “musulmán”. Nunca me creí demasiado ninguna de ellas, pero lo intenté.

Cuando las revoluciones árabes hicieron que la política fuera real para mí, empecé a desconfiar de cualquier etiqueta, dado que se referían a mí, y la política ya no era sobre mí, no sobre mis fantasías de mí mismo, mi necesidad de verme a mí mismo el lado correcto, o mi ‘identidad’. Cuando estallaron las revoluciones y luego las contrarrevoluciones y las guerras, entendí que la política real se refería a las luchas reales de personas reales en el mundo real. (También comprendí que toda política de identidad es, en última instancia, una distracción, y una de las más utilizadas por los que están en el poder -o aquellos que aspiran a lograr el poder- para dividir y gobernar a sus súbditos). Empecé a desconfiar de todos los grandes relatos y de todos los marcos ideológicos que suponían que había una solución perfecta a los problemas humanos, así como un camino claro hacia ella.

Así que no voy a llamarme anarquista. Y aunque quisiera, probablemente no podría, porque en última instancia tengo dudas sobre si a la gente podría irle mejor sin los Estados y la autoridad jerárquica. Me gustaría creer que podríamos vivir en sociedades modernas complejas sobre una base horizontal con más éxito que ahora, pero entonces no sé si tengo tanta fe en la humanidad. Tal vez necesitamos jerarquía de algún tipo para organizarnos y controlar nuestros impulsos antisociales, y lo mejor que podemos esperar es reformar y restringir la jerarquía. No lo sé. Necesito leer mucho más y pensar mucho más – e incluso cuando lo hago, si decido lo que sé con seguridad de una manera u otra, por favor pídeme que tenga cuidado con mi arrogancia. No soy capaz de saberlo. Ninguno de nosotros.

He escrito un libro sobre Siria con alguien que se describe a sí misma como anarquista, y estoy de acuerdo con ella en casi todo. Además, he encontrado a los anarquistas mucho menos propensos que los izquierdistas a ser atrapados por la lealtad a uno u otro Estado. Por lo tanto, su conversación sobre Siria es mucho más interesante. En las presentaciones del libro que hemos hecho en las que participaron anarquistas, como por ejemplo en Seattle, o en Toronto, la discusión fue inteligente, matizada, informada. Sensible también. Admiré a los anarquistas que conocí en España por varias razones. A la mayoría de ellos al menos.

Pero entonces ves que a Noam Chomsky le describen como anarquista. Y aquí es donde me confundo, porque Chomsky no suele (¿o nunca?) sostener lo que creo que son los principios anarquistas.

No soy un experto en los principios de Chomsky o los anarquistas, pero he visto a Chomsky decir que lo que Rusia está haciendo en Siria puede estar mal, pero ciertamente no es imperialismo. Y no es imperialismo porque Rusia fue invitada por el soberano gobierno sirio.

Dejemos de lado que Chomsky comenzó su carrera política oponiéndose a la intervención imperialista estadounidense en Vietnam, y que EEUU fue invitado por el soberano gobierno de Vietnam del Sur. La cuestión aquí es la deferencia que Chomsky muestra hacia la noción de soberanía estatal (en vez de popular). ¿Es “anarquista” pensar que una mafia no elegida que ha matado a cientos de miles de víctimas y quemado el país que robó tiene más soberanía que la gente que habita ese país? ¿Una potencia extranjera lejana no es imperialista cuando trata de mantener a su sátrapa en su asiento aumentando sus crímenes? (En ese caso, el Imperio Británico tampoco era imperialista). Sabemos que bajo el derecho internacional escrito por los estadistas, ciertamente se puede argumentar que Rusia no ha “invadido” a Siria, porque el oficial del trono local le pidió a Rusia que entrara. Pero los anarquistas deben rechazar tal sofisma.

Seguramente Chomsky es un izquierdista más que un anarquista. Su útil trabajo sobre Palestina-Israel también ofrece críticas y soluciones en términos de Estados. Así que creo que podemos dejar de tenerlo en cuenta como ejemplo.

Hay también un sector muy grande de gente que se describen como anarquistas y luego aplauden con fervor al PYD sirio-kurdo, o a su padre turco-kurdo el PKK. Esto se debe en parte a que el PYD / PKK ha incorporado, al menos en teoría, algunas ideas y vocabulario muy interesantes y positivos del pensador anarquista americano Murray Bookchin. El PYD da la bienvenida a los visitantes occidentales, les hace un maravilloso recorrido, los mantiene vigilados con mucho cuidado. Se ha hecho un buen trabajo de divulgación, y no se les puede culpar de eso.

El primer impulso de los anarquistas occidentales mostrando su solidaridad con los largamente oprimidos kurdos en su experimento de “confederalismo democrático”, igualdad de género y justicia social es, por supuesto, algo bueno. Pero muchos, en su entusiasmo, han hecho la vista gorda sobre ciertos hechos: que pese a sus logros indudables, el PYD sigue siendo una milicia autoritaria de partido único que monopoliza la violencia en su territorio, toma control del dinero de la ayuda exterior, prohíbe otros partidos kurdos y dispara a manifestantes. Que su ocupación de las ciudades de mayoría árabe fuera de los cantones de Rojava no es un “confederalismo democrático”, sino un intento de construir un estado territorialmente conectado. Que ha disfrutado del poder aéreo tanto ruso como americano en su captura de territorio, y alberga la primera base militar estadounidense en Siria.

El PYD, sin duda, representa a muchos kurdos sirios, y está trabajando en un ambiente muy difícil, en el que es atacado (especialmente por ISIS, en Kobani) y atacante a la vez. En el contexto más amplio de Siria, a menudo actúa como una fuerza contrarrevolucionaria, pero ha logrado objetivos nacionalistas y hasta cierto punto democráticas para los kurdos de los tres cantones. Es comprensible y bueno, por lo tanto, que los anarquistas occidentales muestren solidaridad.

Cuando la solidaridad se vuelve acrítica, se vuelve problemática. Cuando ésta se cohesiona alrededor de la milicia partidaria más que alrededor de la gente, deja de ser anarquista. Cuando felizmente se participa en la propaganda del PYD (repite, comparte, retuitea), se desliza rápidamente hacia el racismo y la islamofobia. Algunos “intelectuales” anarquistas, gente que debería saber de qué habla, escribe una y otra vez cosas como que el Ejército Libre Sirio es una banda de asesinos de niños, o que ISIS, Nusra, Ahrar al-Sham y el ELS son todos iguales, y Turquía también, Y los bárbaros del Golfo…

¿No se dan cuenta de que esta propaganda es tanto de Assad como del PYD? Más que eso, que esos son los típicos clichés del racismo imperialista europeo -la minoría favorecida bajo amenaza por las oscuras razas bárbaras que la rodean, en este caso los árabes, los musulmanes, que no con compatibles con la democracia debido a su cultura innata, que lo único que se puede hacer con ellos es tenerlos controlados.

En su forma más extrema, esta tendencia se manifiesta en el comportamiento sectario de las extrañas personas que reventaron nuestro evento en la feria del libro anarquista de Londres. Cuando uno trataba de hablar por encima de ellos se ponían a cantar ‘PYD’ (y ‘PKK’). Cuando alguien de la audiencia, un libanés de familia católica, les replicó, le empezaron a gritar que él era ‘un árabe sunita’ – como si ello fuera una terrible mancha. Me fui muy pronto. Leila decidió quedarse, pensando que encontraría la oportunidad de hablar (no pudo). Una vez, cuando abrió la boca, uno de los sectarios le gritó: -¡Cállate! ¡Esto es anarquismo! ¡Cualquiera puede hablar!” Sin ironía.

Pero estas personas, bastante obviamente creo, no estaban practicando el anarquismo. La mayoría de los anarquistas que he criticado anteriormente estarían de acuerdo conmigo en esto. Fue anarquismo sólo en el malentendido popular de la palabra, como “desorden”. Tampoco era el PYD. El PYD es más sofisticado, y no querría ser representado así. Estas personas ni siquiera eran estalinistas. No era política de ningún tipo, sino otra cosa.

Así que la gente no debe culpar al anarquismo por su culpa. E incluso si toda la tradición anarquista occidental, desde los intelectuales hasta los punksters de “estilo de vida”, no ha hecho nada para ti en absoluto, aún así no culpes al anarquismo. Porque por lo que puedo ver, los lugares donde el anarquismo realmente existe (no donde se habla de él) suelen ser donde hay personas a las que no se les ocurriría ni por un momento llamarse anarquistas. Incluso entre personas que podrían describirse como musulmanes.

Desde el punto de vista de la cooperación comunitaria práctica, la auto-organización democrática de base, y la construcción de proyectos civiles sin el Estado, los Consejos Locales en la Siria liberada son anarquistas. Algunos son más jerárquicos que otros, por supuesto, algunos dominados por líderes familiares o tribales, algunos directamente elegidos, otros sólo indirectamente, y así sucesivamente. No son perfectos, porque los seres humanos no son perfectos, y sobre todo porque no han tenido oportunidad en su breve existencia de hablar con tranquilidad de las instituciones políticas. Por el contrario, están viviendo una emergencia que ha durado ya muchos años, están siendo atacados con misiles, artillería, barriles, cloro, tienen problemas de comida, problemas de agua, problemas de combustible, problemas de electricidad. Su trabajo es inmediato y práctico, y por tanto no ideológico. Es decir, no están implementando un programa ideológico. Los hombres que hablan de ese tipo de cosas son más propensos a los combatientes islamistas, que necesitan una ideología por la que luchar. E ISIS, por supuesto, con su plan de Estado. Y los seguidores de los partidos políticos.

Cuando la gente pregunta: “¿A quién debemos apoyar en Siria?” Debo decir: en Siria ningún partido político, milicia o ejército es digno de nuestro apoyo sincero o acrítico. Ninguna ideología tampoco. Lo que debemos apoyar son las instituciones democráticas y cuasi democráticas creadas colectivamente y las comunidades civiles que representan. Estas personas merecen un apoyo que es a la vez crítico y absoluto. Crítico porque nada debe ser acrítico. Absoluto porque estos supervivientes interiores están bajo asalto militar continuo y a gran escala, asediados y en peligro de extinción.

Me parece que es un principio anarquista apoyar a los oprimidos contra sus opresores.

En ésta y varias otras revoluciones, el anarquismo es lo que ha sucedido cuando las comunidades se liberaron del Estado, libres de sus servicios y de sus arrogantes imposiciones. Sucedió por necesidad, y a través de la innovación creativa. Desde la distancia europea, la cuestión teórica es: ¿los aspectos más positivos, igualitarios y democráticos de esta experiencia social pueden darnos alguna lección para sociedades como éstas de aquí, no en guerra, relativamente estables y prósperas? Es una pregunta que vale la pena hacer. Pero para encontrar una respuesta habría que pensar y escuchar. La revolución simulada no lo permite.


Traducción: Carlos Pérez Navarro

 

 

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