Autor: Sina Zevakat   |   Traducción: Xili Fernández

Publicado originalmente en inglés en Mangal Media. 3/01/2017

A medida que el régimen sirio, la fuerza aérea rusa y las fuerzas terrestres apoyadas por Irán intensifican su ofensiva militar contra las zonas controladas por la oposición con la connivencia absoluta de Estados Unidos, la escala de muertes civiles y desplazamiento forzado va en aumento. La situación sólo se puede intensificar con la caída de Alepo a manos del régimen. La intensificación de la ofensiva militar sirve a un propósito secundario para los invasores: la marginalización del otro, menos historias violentas de liberación. Recuperación y autonomía en territorios a lo largo de Siria en los que la auto-determinación revolucionaria está aún presente, activa y llena de esperanza contra todo pronóstico. Estas son las historias a las que terriblemente temen las fuerzas del status quo.

Una de esas historias es la de Bosra al-Sham, un pueblo en el sur de Siria con un sitio arqueológico romano mundialmente famoso.

Bosra se ubica cerca de Deraa, donde las primeras protestas de marzo de 2011 estallaron tras el arresto y tortura de un grupo de jóvenes que escribieron grafitis anti-gobierno en las paredes de sus escuelas. Habiendo sido la capital de la provincia romana de Arabia y parada obligatoria en las rutas de las caravanas hacia la Meca, Bosra está registrada como un lugar de patrimonio mundial de la UNESCO. La zona ha estado habitada desde el siglo XIV antes de Cristo y posee restos de los períodos nabateo, romano, bizantino y omeya, guardando una importancia significante en la historia de los inicios del Islam.

El complejo arqueológico de la ciudad contiene una de las mezquitas más antiguas del mundo aún en pie, la mezquita Al-Omari, así como uno de los anfiteatros romanos mejor preservados en Oriente Medio.

Durante décadas Bosra al-Sham estuvo bajo el control del régimen de Assad y fue considerado como uno de sus bastiones más importantes en el sureste de Deraa. Para poder mantener este sitio, el régimen, que anteriormente lo había utilizado para llevar a cabo festivales que celebraban su idea de “patrimonio local”, no tuvo ningún reparo a la hora de lanzar bombas barril en las ruinas que también hospedaban las casas de familias locales.

En marzo de 2015, tras una batalla de 5 días entre el ejército de Assad (apoyado por sus aliados extranjeros) y el Ejército Libre de Siria (ELS) y Jabhat Al-Nusra, el pueblo cayó fuera del control de Assad y se unió al frágil pero resistente archipiélago de geografías liberadas en Siria. Poco después de esta decisiva batalla, el ELS hizo público un importante comunicado, distanciándose de Jabhat Al-Nusra en cuanto a sus ideologías extremistas y a sus vínculos con Al-Qaeda. El comunicado fue más allá y criticó la tergiversación que los medios hicieron de los logros en el sur de Siria, calificándola como “un estado de frustración”.

Desde la liberación del pueblo, un gran proyecto de restauración se ha llevado a cabo en el sitio arqueológico. En un video reportaje, el miembro del consejo local Mahmoud al-Eissa anunció que “el Departamento de Antigüedades de la oposición en Bosra al-Sham comenzó a supervisar la restauración del sitio en coordinación con el consejo local”. También explicó que “el proyecto, que involucra a organizaciones locales, civiles y soldados del ELS, tenía por objetivo limpiar y restaurar los lugares emblemáticos e históricos del pueblo. Algunos de los lugares históricos, incluyendo el histórico castillo, sufrieron daños al haber sido utilizados como bases militares por las fuerzas del régimen”.

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Escena de un video publicado por el consejo local de Bosra al-Sham mostrando a residentes limpiando los asientos del antiguo anfiteatro como parte de proceso de restauración

El resultado de la transformación de la función del sitio histórico, así como su nuevo sistema de gestión horizontal, han abierto la puerta a una dinámica socio-cultural y política completamente nueva que va mucho más allá del reducido marco de estrategias de preservación típicamente eurocéntricas, profesionalizadas y neoliberales. El turismo no es ya la única actividad que dicta el significado de este patrimonio. La gente viviendo y trabajando alrededor del sitio es ahora su principal usuario y patrocinador. Asambleas populares han estado utilizando el espacio para un diverso rango de eventos culturales y políticos, reflejando su nueva situación.

Antes del levantamiento, sin embargo, Bosra al-Sham, al igual que todos los patrimonios gestionados por el estado así como Palmira, eran meros instrumentos de la propaganda nacionalista y la industria turística. Como escribe Frederick Deknatel:

“Cinco años atrás, en lo que parece una Siria diferente, el gobierno de Assad no bombardeaba tesoros arquitectónicos para convertirlos en ruinas; ayudaba a preservarlos en medio de un boom turístico centrado en Damasco y Alepo…Durante el boom de la preservación, los turistas se veían atraídos por las conversiones de casas con patios restaurados de la era otomana en hoteles boutique y restaurantes, llevadas a cabo por contratistas privados y agencias internacionales. El esfuerzo llamó la atención de la prensa internacional, y Assad se presentó al mundo como el custodio del patrimonio y la historia siria”.

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Pancarta de Bashar al-Assad que solía colgar de diferentes partes del anfiteatro romano antes de los levantamientos de 2011. Fuente: Getty

Pero hoy, debido a la nueva estética socio-política y cultural de la revolución, el significado y la percepción del patrimonio están siendo radicalmente redefinidos por la gente. Uno puede argumentar incluso que el anfiteatro romano está recuperando de hecho su olvidada relevancia y su significado como espacio de asamblea para el ciudadano ordinario. El anfiteatro está una vez más facilitando lo que solía facilitar durante sus días de apogeo, concretamente, las nociones de formación de identidad colectiva, el espectáculo de participación social y las politizadas asambleas populares.

En los siguientes párrafos enfoco dos eventos que han sido fundamentales para la transformación del sitio y, podría decirse también, para su descolonización.

MITIN EN LAS RUINAS

Un video amateur que se transmitió en vivo en Facebook el 1 de octubre, documenta un mitin/celebración en el centro del anfiteatro romano. El video capta a un grupo de personas en círculo cantando slogans contra la guerra y canciones revolucionarias, acompañados de una audiencia de compañeros que protestan desde los asientos del antiguo anfiteatro. A medida que la cámara gira, vemos mas detalles del transformado anfiteatro romano. En la zona justo encima del escenario, exactamente donde se encontraba la imagen de Assad, una enorme pancarta dice “estamos siendo asesinados por Rusia” en cinco idiomas. La cámara gira de nuevo y vemos una bandera siria revolucionaria excepcionalmente grande cubriendo la mitad de los asientos del anfiteatro. El escenario central y los asientos alrededor de éste se unen entre sí mientras que la línea entre la audiencia y los intérpretes desaparece. Quizás esto se asemeja a lo que la dramaturga siria Saadallah Wannous define como “el teatro de la politización” que se opone a las nociones tradicionales del “teatro político”.

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Arriba: típica representación del anfiteatro de Bosra al-Sham como un espacio histórico estático, objetificado y museificado (Fuente: Flickr). Abajo: representación del espacio histórico transformado por los organizadores comunitarios locales. El espacio histórico ha sido reactivado como lugar de asamblea popular y mobilización política, apropiado por el propósito de la causa colectiva a través de la incorporación de eslóganes políticos, canciones, banderas y pancartas dentro del espacio, que están “prohibidas” por el estado (Fuente: Facebook Livestream)

UN CINE POPULAR EN LAS RUINAS

Otro evento cultural que tiene lugar en el liberado anfiteatro romano es el “Festival sirio de cine del Teléfono Móvil”. Los organizadores del festival escriben en su comunicado:

“Los clips de las cámaras de los teléfonos móviles han jugado un rol importante en los movimientos de protesta del mundo árabe. Miles de activistas y periodistas han filmado clips de video especiales que se transmitieron valientemente fuera del país y desafiaron dictaduras con sonidos y fotos, por lo que la cámara del teléfono móvil se ha convertido en la herramienta principal en la lucha pacífica y la libertad de expresión…el festival trata de crear una plataforma única para estimular a directores amateurs y profesionales a hacer films creativos mediante las cámaras de sus teléfonos móviles con bajos presupuestos…además, busca presentar una visión cinemática libre y diferente, una visión que cree que la imagen de mayor precisión no es necesariamente la más clara”.

Una vez más, la tradicional relación audiencia/intérprete se ve alterada cuando quienes observan los videos son las mismas personas que han participado en la revolución. En otras palabras, los films que están siendo proyectados en la pantalla son una mera extensión/reflexión del cambio social que la audiencia como tal ha ayudado a materializar.

Imágenes de las proyecciones durante el ‘Festival sirio de Cine del Teléfono Móvil’. Fuente: ‘Syria Mobile Phone film festival.’

¿PATRIMONIO DE QUIÉN? ¡PATRIMONIO DE LA GENTE!

Cuando los espacios institucionales cargados con historia se recuperan y utilizan para comunicar nuevas identidades socio-políticas, un mensaje simple pero poderoso se construye: el patrimonio pertenece a la gente.

Eventos como los mencionados anteriormente son altamente valiosos no sólo porque restauran el derecho a la agencia y la representación sino también porque desafían nuestra definición occidental de patrimonio como algo estático, permanente, no-interactivo y como un fenómeno objetivado. Como ciudadanos de sociedades tardío capitalistas, somos simplemente incapaces de imaginar un sitio arqueológico que sirva a un propósito distinto al turismo. Por lo tanto, nuestras rígidas y hegemónicas definiciones de patrimonio no son sólo impropias para el contexto de las actuales transformaciones en Siria y el resto de Oriente Medio, sino que también son altamente problemáticas y peligrosas porque caen fácilmente en el campo de la “guerra contra el terror” y/o en las racionalidades del blanco-salvador que son inherentemente violentas, racistas, islamófobas y orientalistas en su origen.

Con un número abrumador de pseudo-conservacionistas escribiendo artículo tras artículo tras artículo sobre la “pérdida de patrimonio mundial en Siria e Irak”, ha habido escasos esfuerzos por entender las específicas nuevas relaciones entre los emergentes actores socio-políticos y los sitios de patrimonio como Bosra al-Sham. Investigando las diversas formas en las que el patrimonio está siendo localmente redefinido es simplemente algo que va más allá de nuestra imaginación. ISIS al igual que el régimen de Assad han estado explotando, bombardeando y borrando patrimonio cultural importante con el propósito de cumplir con sus propias agendas políticas. Nuestra desesperanza causada por la escala de destrucción infligida sobre la mezquita Omeya debido al intenso bombardeo aéreo no debería llevarnos a olvidar el trabajo de los revolucionarios sirios que han estado activos en la preservación y el avance del patrimonio cultural en las zonas liberadas. Estos organizadores locales nos están dando una valiosa lección sobre cómo inspirar vida en el patrimonio incluso en tiempos de extrema dureza. Si nos quedamos con la perspectiva de los expertos de sillón, nos dirían que las protestas, o cualquier otra asamblea “no autorizada” en un sitio arqueológico como Bosra al-Sham debería considerarse como una amenaza a la “pureza”, “autenticidad”, así como al “valor” del espacio histórico. Esto es porque su mayor preocupación es la preservación de las piedras individuales y no la de la gente que vive alrededor de ellas.

Para esos expertos, cualquier espacio histórico que caiga fuera del control rígido del estado se encuentra naturalmente en peligro de “vandalismo”, “barbarie”, “destrucción” y “pérdida de valor”. Especialmente si hombres de piel oscura y con barbas están involucrados. Estas perspectivas orientalistas fallan en reconocer que, debido a su importancia histórica, espacios como Bosra al-Sham son de hecho uno de los más idóneos y apropiados espacios para la protesta civil y la movilización, porque dichos espacios permiten a los ciudadanos poner en acción al patrimonio de manera creativa e invocan un reclamo instantáneo de las nociones de patrimonio colectivo, identidad, pertenencia y memoria. Adicionalmente, utilizar estos sitios ayuda a los manifestantes a desafiar el fetiche de los medios de comunicación masivos que despolitizan la tragedia y la ruina, insistiendo en la importancia de la narrativa, la agencia cultural y la dignidad en la representación.

DESCOLONIZACION EN LAS RUINAS

En su emblemático libro, Los Condenados de la Tierra, Frantz Fanon define la descolonización como un “proceso histórico” y como “el encuentro de dos fuerzas, opuestas unas a otras por su propia naturaleza”. Fanon fue muy claro, sin embargo, respecto a que la descolonización no es necesariamente, o únicamente, una lucha contra la dominación externa, imperial o extranjera, sino que también es una lucha contra las fuerzas internas, nacionalistas, elitistas y burguesas en casa. Pero considerando el hecho de que la ciencia al completo de la arqueología, la antigüedad y la preservación en Siria fueron introducidas durante el mandato francés como parte del aparato colonial, podemos quizás definir esos actos de apropiación colectiva de los sitios de patrimonio como Bosra al-Sham como intentos directos de la descolonización del patrimonio, y en un sentido más amplio, de la narrativa histórica de la nación, de todas y cada una de las fuerzas hegemónicas y autoritarias. Sin importar si estas fuerzas son externas o internas, del pasado o del presente.

En su innovador y oportuno libro Burning Country: Syrians in Revolution and War, los autores Leila Al-Shami y Robin Yassin-Kassab escriben con gran detalle sobre la transformación de valores que la revolución ha invocado a lo largo de Siria. Escriben sobre cómo la “imagen propia de la nación” está siendo reclamada mediante la apropiación de símbolos previamente controlados por el estado. “Fue una revolución cultural de abajo hacia arriba”.

Los eventos mencionados en este artículo son sólo algunos ejemplos de las transformaciones de abajo a arriba que han estado desafiando la producción cultural autoritaria, jerárquica y centralizada mediante la redefinición del patrimonio en Siria como un proceso activo, inconcluso y contestable. Como ciudadanos globales en tiempos de cambio, es quizás en nuestro propio interés hacernos eco y preservar estas historias de experimentación social, liberación y auto-organización que aún tienen lugar a lo largo de Siria y en muchas otras comunidades despiertas a lo largo de Oriente Medio y del más amplio Sur global.

 


Foto portada: Anfiteatro Bosra al-Sham y tejido urbano circundante. Fuente: Theatrum

 

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