Autor: Marin Chulov    |   Traducción: Xili Fernández

Publicado originalmente en inglés en The Guardian el 14/01/2017

Las nuevas comunidades se están instalando en zonas de donde han huido o han sido expulsados los sunitas, mientras Teherán busca un arco de control que se extiende desde sus fronteras hasta Israel

En los valles que hay entre Damasco y Líbano, donde comunidades al completo han abandonado sus vidas por la guerra, un cambio está teniendo lugar. Por primera vez desde que el conflicto estalló, la gente está comenzando a regresar.

Pero la gente estableciéndose aquí no es la misma que aquellos que huyeron durante los últimos seis años.

Los recién llegados tienen una lealtad y una fe distintas a las familias musulmanas predominantemente sunitas que alguna vez vivieron allí. Son, según quienes los han enviado, la vanguardia de un traslado para repoblar la zona con musulmanes chiitas no sólo de otras partes de Siria, sino también de Líbano e Irak.

Los intercambios de población son centrales para el plan de ejecutar cambios demográficos en algunas partes de Siria, realineando al país en zonas de influencia que simpatizantes de Bashar al-Assad, guiado por Irán, puedan controlar directamente y utilizar para avanzar hacia intereses más amplios. Irán está reforzando sus esfuerzos a medida que el calor del conflicto empieza a disiparse y persigue una visión muy diferente a la de Rusia, el otro patrocinador principal de Siria.

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Civiles siendo evacuados de Darayya en 2016. Familias chiitas de Irak se mudaron a los barrios abandonados. Foto: Omar Sanadiki/Reurers

Rusia, en alianza con Turquía, está utilizando un cese al fuego nominal para empujar hacia un consenso político entre el régimen de Assad y la oposición en el exilio. Irán, mientras tanto, ha comenzado a moverse en un proyecto que fundamentalmente alterará el paisaje social de Siria, reforzando igualmente el bastión de Hezbollah al noreste de Líbano, consolidando su influencia desde Teherán hasta la frontera norte con Israel.

“Irán y el régimen no quieren ningún sunita entre Damasco y Homs y la frontera libanesa”, comentó un líder libanés de alto rango. “Esto representa un cambio histórico en las poblaciones”

Clave para Irán son los pueblos bajo control rebelde de Zabadani y Madaya, donde residentes de Damasco veraneaban antes de la guerra. Desde mediados de 2015 su destino ha sido sujeto de prolongadas negociaciones entre oficiales iraníes de alto rango y miembros de Ahrar al-Sham, el grupo de oposición anti-Assad dominante en la zona y uno de los más poderosos en Siria.

Las conversaciones en Estambul se han centrado en el intercambio de residentes de dos aldeas chiitas al oeste de Alepo, Fua y Kefraya, que han sido amargamente disputadas durante los últimos tres años. Grupos de oposición, entre ellos algunos yijadistas, han asediado ambas aldeas durante el asedio de Alepo, intentando enlazar su destino al de la mitad oriental de la ciudad antiguamente controlada por los rebeldes.

El intercambio, según sus arquitectos, sería la prueba de fuego para mayores cambios poblacionales, a lo largo del sur de Damasco y en el corazón alauita del noroeste de Siria, de donde proviene gran parte del apoyo de Assad.

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“Residentes chiitas de Kefraya y Fua se moverán hacia zonas previamente sunitas cercanas a Damasco” | “Damasco Oriental: sunitas forzados hacia Kefraya y Fua. Chiitas iraqíes y libaneses entre quienes los reemplazarán”

Labib al-Nahas, el jefe de relaciones exteriores para Ahrar al-Sham, quien lideró las negociaciones en Estambul, dice que Teherán busca crear áreas que pueda controlar.

“Irán estaba muy dispuesto a ejecutar intercambios al completo entre el norte y el sur. Querían una continuación geográfica hacia Líbano. En el corazón del proyecto iraní en Siria se encuentra la absoluta segregación sectaria. Buscan zonas geográficas que puedan dominar e influenciar completamente. Esto tendrá repercusiones en toda la región”.

“[Los asedios de] Madaya y Zabadani se convirtieron en el asunto clave para evitar que la oposición retomase Fua y Kefraya, que tienen poblaciones exclusivamente chiitas. Hezbollah la considera una zona de seguridad y una extensión natural de su territorio en Líbano. Han recibido órdenes muy directas de la dirección espiritual de Irán para protegerlas a cualquier precio”.

Irán ha estado especialmente activo alrededor de estos cuatro pueblos mediante sus apoderados de Hezbollah. A lo largo de los riscos que hay entre el valle libanés de la Bekaa hasta las afueras de Damasco, Hezbollah ha tenido una presencia dominante, asediando desde Madaya hasta Zabadani y reforzando la capital siria. Wadi Barada hacia el noroeste, donde el conflicto persiste violando el cese al fuego promovido por Rusia, también es parte de estos cálculos, algo que ha sido confirmado desde dentro del movimiento cuya base se encuentra en Líbano.

En otras partes de Siria, los intercambios demográficos también están remodelando el tejido geopolítico de comunidades que, antes de la guerra, habían coexistido durante siglos. En Darayya, al suroeste de Damasco, más de 300 familias chiitas iraquíes se mudaron a los barrios abandonados por los rebeldes el pasado agosto como parte del acuerdo de rendición. Unos 700 combatientes rebeldes fueron reubicados hacia la provincia de Idlib y la prensa estatal anunció a los pocos días que los iraquíes habían llegado.

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La mezquita Sayeda Zainab ha sido fuertemente fortificada por Hezbollah. Foto: Kaveh Kazemi/Getty Images

Los santuarios chiitas en Darayya y Damasco han sido la razón de ser que justifica la presencia de Hezbollah y de otros grupos chiitas apoyados por Irán. La mezquita Sayeda Zeinab al oeste de la capital ha sido fuertemente fortificada por Hezbollah y poblada por familias del grupo militante, que se mudaron allí desde finales de 2012. Teherán también ha comprado un gran número de casas cerca de la mezquita de Zeinab, y un pedazo de tierra, que utiliza para crear una zona de seguridad – un microcosmos de su gran proyecto.

Abu Mazen Darkoush, antiguo comandante del ELS que huyo de Zabadani hacia Wadi Barada dijo que el santuario islámico más grande de Damasco, la mezquita Omeya, era ahora una zona de seguridad controlada por apoderados iraníes. “Hay muchos chiitas que fueron traídos a la zona que rodea la mezquita. Es una zona sunita pero planean que los chiitas consigan asegurarla y rodearla”.

Oficiales de alto nivel en el vecino Líbano han estado monitorizando el incendio sistemático de las oficinas de Registro de Propiedad en zonas de Siria que han sido recapturadas en nombre del régimen. La falta de registros dificulta que los residentes puedan probar la propiedad de sus casas. Se ha confirmado el incendio de oficinas en Zabadani, Darayya, la cuarta ciudad de Siria, Homs y Qusayr en la frontera libanesa, tomada por la fuerza por Hezbollah a principios de 2013.

Darkoush dice que barrios al completo han sido limpiados de sus habitantes originales en Homs, y que a muchos residentes se les ha denegado el permiso para volver a sus casas, con oficiales argumentando la falta de pruebas de que ciertamente habían vivido allí.

“El primer paso del plan se ha alcanzado”, ha dicho. “Implicaba expulsar a los habitantes de esas zonas y quemar cualquier cosa que les conectase a su tierra y a sus casas. El segundo paso será reemplazar a los habitantes originales con recién llegados de Irak y Líbano”.

En Zabadani, Amir Berhan, director del hospital del pueblo, dice:

“El desplazamiento desde aquí empezó en 2012 pero aumentó dramáticamente en 2015. Ahora la mayoría de nuestra gente ha sido trasladada a Idlib. Hay un plan claro y obvio de desplazar a los sunitas que viven entre Damasco y Homs. Han quemado sus casas y sus campos. Le están diciendo a la gente ‘este lugar ya no es para ti’. […]  Esto está llevando a una fragmentación de las familias. El concepto de vida familiar y los vínculos con la tierra se están disolviendo con toda esta deportación y exilio. Está destrozando a la sociedad siria.”

Está en juego la Siria de la posguerra, con la guerra empezando a menguar, hay mucho más que la cuestión de quién vive dónde cuando el conflicto cese finalmente. El sentido de identidad también está en juego, así como también lo está la cuestión de quién definirá el carácter nacional.

“Esto no altera solamente el balance demográfico”, dijo Labib al-Nahas. “Está alterando el balance de influencia en todas estas zonas y a lo largo de Siria. Comunidades enteras serán vulnerables. La guerra con Irán se está convirtiendo en una guerra de identidad. Quieren un país a su medida, sirviendo sus intereses. La región no puede tolerar eso”.

Información adicional por Suzan Haidamous

 

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