Autores: Ruud Goossens y Chams Eddine Zaouigui

Publicado originalmente en Al Jumhuriya el 13-01-2017

Entrevista con Yassin al-Haj Saleh. 

Dieciséis años y catorce días. Ése es el tiempo que Yassin al-Haj Saleh estuvo encarcelado en las celdas de Assad padre. Sin embargo, el escritor sirio no es un hombre quebrantado, a pesar de que su esposa y su hermano desaparecieron hace tres años, secuestrados por islamistas radicales. Incluso cuando Alepo está en ruinas. “En la cárcel me volví inmune a la desesperación”.

Nuestra entrevista ya terminó cuando Yassin al-Haj Saleh, de 55 años, tiene que aparecer en público. El escritor sirio ha sido invitado a Bruselas por el European Endowment for Democracy. Mientras las bombas azotan Alepo sin piedad  – la ciudad donde estudió medicina hace mucho tiempo –ha venido a Bruselas para pedir atención a la única parte en este conflicto que constantemente se descuida: el pueblo sirio. Pero primero quiere decirnos una cosa más.

“Esta última hora me di cuenta de que esperas que tenga una respuesta a todas las preguntas posibles”, dice, ya en la puerta. “Eso sucede regularmente: porque soy sirio, la gente piensa que sé todo sobre este conflicto. Pero cada vez es más difícil explicar lo que ocurre en el terreno. En mi país lo que está sucediendo no es una guerra civil. Se ha convertido en un complejo conflicto internacional en el que participan decenas de países”. Y levanta las manos. “Tampoco tengo todas las respuestas”.

Sin embargo, Saleh es un testigo privilegiado. El 30 de marzo de 2011, dos semanas después de que comenzara la revolución siria, decidió pasar a la clandestinidad en Damasco. En la lucha contra Bashar al-Assad el escritor no quiso dejar piedra sin remover ni andarse con rodeos. Saleh ya había presenciado los horrores de los Assads de primera mano. Cuando tenía 19 años, en 1980, fue encarcelado por el régimen de Hafez al-Assad, padre de Bashar. Sólo salió en libertad en 1996, cuando tenía 35 años.

No fue el final de su sufrimiento. En 2013 la situación en su propio país se hizo demasiado peligrosa para él, por lo que se fue a Estambul, donde todavía vive. Poco después de su partida, su esposa Samira Khalil fue secuestrada por un grupo islámico radical en Siria. Saleh no ha tenido noticias suyas desde entonces. En el mismo año, unos meses antes del secuestro de Samira, su hermano Feras fue abducido de la calle por terroristas del Estado islámico. También él desapareció sin dejar rastro.

Saleh ha permanecido activo todo este tiempo. En Estambul co-fundó Hamisch [1] (denominación árabe para ‘margen’ y ‘nota de pie de página’), la Casa Cultural Siria en Estambul. También sigue siendo un prolífico escritor, que publica libros, ensayos y artículos de opinión, principalmente en publicaciones árabes. De ahí que a menudo se le llame la “conciencia” de la revolución siria. Es un hombre encantador con ojos melancólicos y una sonrisa maravillosa, incluso cuando a cada día que pasa se hace más difícil mostrar esa sonrisa. Las últimas semanas y meses ha observado con repugnancia lo que está sucediendo en Alepo.

“Esto me afecta muy profundamente”, explica. Nuestra entrevista se lleva a cabo en inglés, una lengua que Saleh aprendió en soledad en sus años de cárcel. “Me gradué en Alepo. Viví en esa ciudad durante siete años. Conozco los barrios que ahora están siendo bombardeados y a las personas que allí están muriendo. Es terrible. Pero es mucho más que un drama personal. Ante nuestros ojos, en tiempo real, una de las ciudades más antiguas del mundo está siendo destruida. Alepo es una de las cunas de la civilización. El silencio ensordecedor de la comunidad internacional lo hace aún peor. Apartan la mirada de este sufrimiento masivo e indescriptible. Al hacer esto, la humanidad se está automutilando”.

De Standaard: ¿De qué manera?

Yassin al-Haj Saleh: Primero asesinaron a una persona y la ignoraron. Luego diez personas, mil, y todavía se seguía ignorando. Hay ya medio millón de víctimas mortales en Siria. Torcer la vista sólo es posible para quienes pueden desconectar toda su sensibilidad al sufrimiento humano. Para justificar su postura, usan los argumentos más reprensibles: los sirios son retrógrados, extremistas, terroristas, etc. El pueblo está siendo asesinado y calumniado. Esto es efectivamente un doble asesinato. El drama en Alepo perseguirá al mundo durante décadas.

DS: Usted conoce a mucha gente. ¿Todavía anhelan la libertad? ¿O sobre todo esperan que la guerra termine ahora?

YHS: ¿Tienen que elegir? Anhelan el final de esta guerra y anhelan la libertad.

DS: ¿No cree que habrá sirios que acepten a Assad de nuevo, si dejan de caer bombas?

YHS: No, una gran mayoría de sirios quiere que se vaya. Incluso las personas que son ostensiblemente leales a Assad, no lo respetan. Ellos también quieren un cambio político. Y ese cambio sólo es posible si la dinastía Assad desaparece. Hay que tener en cuenta que Siria tenía una forma muy especial de dictadura: el clan Assad no gobernaba el país, lo poseía. Nosotros, los ciudadanos, éramos  sus esclavos. Su estrategia para Siria es clara: Assad o nadie. Si Assad no puede mantenerse en el poder, entonces todo el país – que han estado saqueando durante décadas – debería desaparecer del mapa.

Creo que los sirios están básicamente cansados. Ya no ven ninguna perspectiva de cambio. Este conflicto empeora cada año. El año 2016 fue más sangriento que 2015, que fue peor que 2014 y así sucesivamente. Seguimos descendiendo más profundamente en el infierno. Nunca hemos recibido apoyo o protección significativa de aquellos que son capaces de apoyar y proteger. El mundo ha abandonado a los sirios.

DS: ¿Los sirios que se manifestaron contra Assad en 2011 habrían tomado las mismas decisiones, si hubieran sabido entonces lo que saben hoy?

YHS: Yo creo que sí. A los sirios les alentaron las revoluciones en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Bahrein. Estaban convencidos de que el mundo no se quedaría de brazos cruzados si el régimen contraatacaba con dureza. Eso había ocurrido antes, a principios de los 80: Hafez al-Assad mató a miles de sirios en Hama, un crimen horrible que para nosotros es un recuerdo fresco. Nos levantamos de nuevo en 2011 y pensamos que un segundo Hama era imposible. Bueno, estábamos equivocados. En la actualidad el número de muertos en Siria es más de veinte veces el de Hama.

DS: En la primavera de 2011 usted mismo estaba convencido de que Bashar al-Assad sería eliminado a finales de año.

YHS: En esos días comparé la revolución con un embarazo. Esperaba que durara nueve meses más o menos. Se necesita mucho más tiempo y la lucha está lejos de terminar.

DS: El ejército sirio ahora controla todo Alepo, por primera vez en cuatro años. ¿Es esto un punto de inflexión importante?

YHS: Tal vez, pero ciertamente no es el final de la guerra. No es el ejército sirio el que conquistó Aleppo, por cierto. Ese trabajo lo hicieron los rusos, iraníes, Hezbollah. Incluso me pregunto cuántos soldados de Assad participaron realmente en la batalla.

Desde el atentado con bomba el 18 de julio de 2012, cuando asesinaron a oficiales de alto rango  y a jefes de la inteligencia del régimen de Assad en Damasco, todo el mundo se involucró. ¿No es absurdo que de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, cuatro estén combatiendo en Siria? Rusia, los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido están todos involucrados. ¿No es absurdo que yihadistas de decenas de países actúen en Siria?

Esto se ha convertido en un conflicto global. Ya hemos perdido nuestra soberanía hace mucho tiempo. Los iraníes y los rusos son ahora los verdaderos amos de Siria.

DS: Assad parece tener mayor control que hace dos o tres años, incluso si ha de agradecer a Rusia e Irán por ello. ¿Ve alguna posibilidad de que reajuste su curso en una dirección más humana?

YHS: Estoy convencido de que Assad actuará de una manera aún más represiva. Cuando Assad padre aplastó a la oposición a principios de los años 80, una oleada de fascismo barrió el país. Decenas de miles de personas fueron encarceladas, torturadas, humilladas. Esta vez no será diferente. Cuando se suprime una revolución, los regímenes actúan siempre con más brutalidad que antes. En Egipto, la situación es peor después del golpe del general Sisi que con Mubarak. En las celdas carcelarias estás violando a mujeres e incluso hombres. Antes no era el caso.

DS: Ha pasado dieciséis años en la cárcel bajo Assad senior. ¿Cómo le cambiaron esos años?

YHS: No sólo “me cambiaron”, esa palabra no es lo bastante drástica como para describir esos años. Esos dieciséis años fueron mi segunda infancia. En ese sentido uno podría llamarlos un privilegio. Tener dos infancias es un privilegio, ¿no? ¿Quién puede decir que creció dos veces? Tengo recuerdos por duplicado. A menudo recuerdo mis tiempos de escolar en Raqqa, mis amigos de infancia. Junto a esos recuerdos veo imágenes de mi tiempo en la cárcel y mis colegas allí.

DS: En primer lugar ¿por qué fue arrestado?

YHS: Porque era miembro de un Partido Comunista que se oponía al régimen. Cuando terminé en la cárcel, por supuesto, no imaginaba que duraría tanto tiempo.

Sabes, ahora veo esa experiencia formativa como un proceso emancipador. Todo el mundo tiene prisiones dentro de sí, prejuicios y limitaciones que uno no puede superar. Me dieron dieciséis años para luchar contra ellos. Se podría decir que gané mi verdadero diploma en la cárcel. Aprendí más en los pabellones carcelarios de Hafez al-Assad que en la universidad de Alepo.

DS: Usted también fue encarcelado en la infame prisión de Tadmor, que se conoce como …

YSH: (interrumpe) Era el lugar más horrible en la Tierra.

DS: ¿Cuánto tiempo estuvo allí?

YHS: Once meses y dieciséis días. Un tiempo terrible. Tadmor no era una prisión, era un campo de concentración. Todo el mundo allí era torturado, privado de comida, humillado, y yo también. No lo hacían para castigarnos o recopilar información. Algunos prisioneros ya estaban en la cárcel hacía más de 15 años y todavía seguían siendo torturados y lo seguirían siendo durante años. No tenía sentido. Era una forma de disciplinar a toda la sociedad. Era un lugar donde todos los sirios eran humillados. Era una fábrica donde se producía la esencia del régimen de Assad a escala industrial: el miedo.

DS: Estuvo en la cárcel dieciséis años. Sin embargo, cuando la revolución comenzó en 2011, decidió participar e ir a la clandestinidad. En ese momento podría haber decidido que ya había cumplido con su deber.

YHS: Eso sería un razonamiento vergonzoso. Uno nunca ha cumplido con su deber. Callar no era una opción.

En los años anteriores a la revolución también escribí artículos. Pero, por supuesto, nunca podía ir a fondo. Nunca escribí falsedades, pero no podía llamar ciertas cosas por sus nombres propios. En marzo de 2011 ya no quería continuar haciéndolo. Me pasé a la clandestinidad para dejar atrás toda forma de autocensura. Sentí que habíamos alcanzado un punto de inflexión histórico.

Tal vez había otro factor en juego. Durante mis años en prisión me había convertido en adicto, por así decirlo, a tales experiencias. Al principio de la revolución tuve la sensación de que me habían dado una segunda oportunidad para el cambio. Para mí esa es la verdadera libertad: cambiarte a ti mismo. Si permaneces la misma persona durante ochenta años, en realidad estás viviendo tras las rejas. Para ser honesto: nunca pensé que la lucha sería tan larga, tan dura y tan costosa.

DS: ¿Fue un error?

YSH: No.

DS: Usted pagó un precio muy alto.

YHS: Por supuesto que nunca pensé que mi esposa y mi hermano serían secuestrados. Que el precio sería tan alto. A nivel personal pasé por una guerra civil. Desde 2013 no he oído hablar de Samira o de Feras.

DS: ¿Valió la pena?

YHS: No. Se enfrentaron dos “obligaciones”. No podía dejar de comprometerme en la lucha por un cambio político en Siria. Pero me llevó a una absoluta tragedia personal.

En la cárcel también solían ponernos en situaciones que nos destrozasen. El régimen ofreció liberarme varias veces, pero en cambio tenía que firmar un documento que me dejaría sin dignidad. Me lo propusieron cuando tenía veintitantos… era muy difícil no firmar. A esa edad temprana no quieres estar en la cárcel. Pero no lo hice.

Ahora ni siquiera tengo el lujo de elegir. Mis enemigos me roban el privilegio de rendirme. Lo que hace inevitable continuar la lucha. De lo contrario, me arriesgaría a arrebatarles a Samira y a Feras su dignidad. No puedo rendirme. Ahora los represento.

DS: Su esposa y su hermano fueron secuestrados por islamistas radicales. ¿Vió venir el peligro?

YHS: En mayo de 2012 escribí un largo ensayo en el que advertí del ascenso de, lo que yo llamaba entonces, ”nihilismo militante”. Al principio, la revolución en Siria era mayoritariamente no violenta. Pero debido a que el régimen respondió con tanta violencia y a que la ayuda internacional no se materializó, el modelo de los yihadistas ganó terreno. Cuantos más cadáveres aparecieran en las calles -una vez en Douma, en 2013, vi 26 cuerpos en el mismo día-, más atractivo y más combativo se ponía el islamismo. Especialmente en un país como Siria, donde la mayoría religiosa sunita ya había sido reprimida durante años.

Así es como terminamos en una escalada de miedo y de violencia. Los sirios se pusieron cada vez más furiosos, frustrados, desesperados. Los salafistas dieron  respuesta a un deseo de destrucción. Destruir el régimen y el mundo entero. Y a uno mismo. Las organizaciones salafistas yihadistas son manifestaciones de autodestrucción en nuestras sociedades contemporáneas. Los terroristas suicidas son la encarnación de esta tendencia.

DS: En el campo de batalla, ahora parecen estar perdiendo los islamistas radicales como el Estado Islámico y Al-Qaeda.

YHS: Ese es el único aspecto positivo que podemos ver en todo lo que está sucediendo ahora. Tal vez esto se convierta en el Waterloo de los islamistas. Pero no se equivoquen: incluso si así fuera, la situación no mejorará. Se ha destruido un país. Han muerto medio millón de personas. Doce millones de sirios han sido desplazados por la fuerza. Aunque uno quisiera borrar todos esos hechos, simplemente no es posible.

DS: ¿Cree que la “Guerra contra el Terror”, ahora definida como la lucha contra el Estado Islámico, se ha convertido en una prioridad en exceso para Occidente?

YHS: Es una guerra post-democrática. No hay un comienzo claro, ni un enemigo claramente definido, ni un final claro. Es una guerra que conduce a un estado de emergencia perpetuo. Las democracias occidentales ya padecen esto en gran medida. Y es muy peligroso.

Al mismo tiempo, el hombre que entre marzo de 2011 y agosto de 2013 torturó a más de diez mil personas hasta la muerte, se le autoriza continuar. ¿Por qué la guerra contra el EI es mucho más importante que la lucha contra Bashar al-Assad? De hecho, el mensaje que Occidente envía al pueblo de Siria es muy claro: creemos que nuestras vidas son mucho más importantes que las vuestras.

DS: ¿Siente que el Occidente os sacrifica?

YHS: No, peor, hemos sido sacrificados y descartados como irrelevantes. En agosto de 2013, Assad cometió asesinatos masivos contra su propia población, con armas químicas. Posteriormente los Estados Unidos y Rusia concluyeron un acuerdo cobarde. El responsable fue autorizado a salir airoso a cambio de la destrucción de sus armas químicas. Ambos lados salvaron la cara, pero decepcionaron a las personas que perdieron 1.466 vidas queridas hacía pocas semanas. La situación empeoró: el régimen consiguió un salvoconducto para continuar su masacre con otras armas. Eso es exactamente lo que hizo Assad: lanzó cantidades masivas de bombas de barril y bombas rompebúnkeres. Incluso continuó usando armas químicas, porque de alguna manera logró no entregarlas nunca por completo.

En mi opinión, la reacción a ese ataque con gas venenoso es el peor crimen internacional de las últimas décadas. Fue un ataque gigantesco a la verdad. Nadie puede negar que  lo sabía. Ocurrió justo ante los ojos de la comunidad internacional.

DS: Los críticos occidentales a menudo argumentan que la oposición siria no obtuvo el apoyo necesario porque los oponentes de Assad estaban irremediablemente divididos entre sí. ¿Entiendes ese argumento?

YHS: No. Por supuesto que la oposición estaba dividida. ¿De qué otra manera podría ser, después de décadas de dictadura? ¿Alguien esperaba realmente que de repente una oposición unida con una mente abierta, un discurso moderado y un poderoso plan de acción aparecería en el escenario? Qué hipocresía: ¿vamos a culpar a las víctimas por ser débiles? También puede recordar que antes de la revolución ningún líder mundial tenía ninguna crítica que hacer sobre Bashar ocupando el cargo de su padre. (La ex secretaria de Estado) Madeleine Albright incluso fue a Damasco para estrecharle la mano. Y ningún partido de izquierdas o comunista alzó la voz en todos esos años sobre la suerte de la república en Siria. Ni uno solo.

DS: ¿Sigue siendo comunista?

YHS: No, aunque todavía soy de izquierdas. La mayoría de mis antiguos compañeros a nivel mundial destacan principalmente por su completa ignorancia sobre Siria. Sus visiones del mundo son totalmente obsoletas. Lo que creen saber, se basa en los recuerdos. Recuerdan en particular los viejos tiempos cuando en el Medio Oriente había un país supuestamente socialista llamado Siria. Lo que, en primer lugar, siempre ha sido un disparate. Desde 1980, como muy tarde, ese disparate se ha convertido en autoengaño. Es evidente que la vieja izquierda, al hablar de Siria, expresa casi las mismas opiniones que la derecha populista.

DS: ¿Y la nueva izquierda?

YHS: Los socialdemócratas son menos arcaicos, pero están enfocados completamente en Occidente y han perdido sus convicciones internacionalistas en algún lugar del camino.

DS: Ahora es un refugiado. ¿Qué piensa de la manera en que Europa está manejando la crisis de los refugiados?

YHS: ¿Para quién es esto una crisis, en realidad? ¿Para los refugiados o para Europa? (enfáticamente) El problema real es que la gente se vio obligada a abandonar su país, sus hogares y sus familias, después de haber sido abandonada durante años. Por supuesto ahora,  estas personas quieren ir a países como Alemania o Suecia. ¿Por qué Turquía, Líbano o Jordania serían lugares más lógicos para albergarlos? Estos refugiados son extremadamente racionales: saben que sus perspectivas serán menores en la región y mejores en Europa.

DS: ¿Sigue creyendo en una salida al enigma sirio?

YHS: No mientras Assad se quede. Una gran conferencia internacional parece inevitable, con el objetivo de encontrar una nueva mayoría política para Siria. Si tenemos que continuar con Assad, habrá un tremendo resentimiento.

DS: ¿Todavía espera regresar a Siria algún día?

YHS: Mi esperanza no es muy grande. Pero después de todos esos años en prisión, me he vuelto inmune a la desesperación. Era un veinteañero. Debería haber estado en la universidad, conocer amigas, ir de fiesta. Todo ese tiempo perdido nunca regresará. En aquel tiempo, sentía desesperación por eso. Ahora estoy liberado para siempre de esos sentimientos de desesperación. Todavía sigo luchando.

Notas:

[1] Hamish: “El Centro se llama ‘Hamisch’, que en árabe significa margen. Desde su página web, describen a Hamisch como: ‘Como una revuelta de los empobrecidos y los oprimidos, la Revolución Siria ha encontrado su hábitat y su base de lanzamiento en los márgenes de la sociedad. Originaria de esos márgenes, Hamisch tiene como objetivo proporcionar un espacio abierto para las voces oprimidas e ignoradas, sin establecer un nuevo centro hegemónico que cree sus propios márgenes. Buscamos así romper las barreras entre lo intelectual y lo no intelectual, lo estrictamente definido como político y lo no político. Hamisch aspira a acabar con la hegemonía patriarcal que impone una voz y un lenguaje unitarios, y por lo tanto rechaza cualquier estructura política, militar, religiosa, étnica y sectaria que intente imponerse como dominante en la pluralidad de Siria. En tanto nuevos espacios de expresiones culturales han sido habilitados por la Revolución Siria, Hamisch organiza y alberga actividades que cuestionan y repiensan conceptos relacionados con la cultura, el arte, la política, la sociedad, la identidad, la patria y el exilio.”

Copyright De Standaard. Este artículo fue traducido y editado por Al Jumhuriya.

Traducido del flamenco al inglés por: Jorn Decock.

Traducido al español por: Mariana Morena y Elena Libia.

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