O cómo los halcones y las palomas de izquierda negacionistas de Siria se hacen eco de los halcones y las palomas sionistas acerca de Palestina.

Autor: Sergio Pérez  | Traducción: Mariana Morena

Publicado originalmente en inglés en Pulse Media el 10/01/2017

Mientras los sirios continúan perdiendo la vida o luchando por sobrevivir bajo condiciones atroces, sometidos a bombardeos y ataques aéreos indiscriminados, desplazados, sitiados, muertos de hambre y torturados de todas las maneras imaginables, se ha producido un acalorado intercambio de acusaciones entre los izquierdistas en el tormentoso escenario de las redes sociales.

En el centro están algunas figuras prominentes, en su mayoría occidentales, del activismo pro-palestino, acusadas de negacionismo y/o acusadas de exhibir un silencio ensordecedor sobre el levantamiento sirio y la brutal represión que ha estado enfrentando a manos del régimen de Assad -un régimen que, no debemos olvidar, es responsable de más del 95% de las muertes de civiles y acusado por la ONU de crímenes contra la humanidad equivalentes a un “exterminio”, que “superan en mucho a los de los militantes del ISIS y otros grupos yihadistas”. Los argumentos que utilizan estas figuras parecen revelar, curiosamente, sorprendentes similitudes con los que hacen los sionistas en defensa de Israel.

Para ser exactos, debemos distinguir dos tendencias principales en la llamada izquierda negacionista: los halcones y las palomas.

Halcones y palomas

Independientemente de los hechos, los sionistas halcones negarán cualquier daño infligido por Israel a los palestinos. Cuando lo reconocen, el mal será justificado como un daño colateral o un paso necesario en nombre de la seguridad y contra el terrorismo. Su negacionismo con frecuencia los conducirá a afirmaciones sobre falsificación (“Pallywood”**), incluso ante evidencias insuperables de lo contrario.

Independiente de la realidad, la izquierda “anti-imperialista geo-estalinista” negará cualquier mal infligido por Assad y sus aliados al pueblo sirio. Cuando lo reconocen, el mal será justificado como un daño colateral o un paso necesario en nombre de la seguridad y en contra del terrorismo. Su negación los conducirá frecuentemente a afirmaciones sobre invención (“La telenovela de los Cascos Blancos, sólo para obligar a la OTAN a intervenir”), no obstante todas las pruebas en contrario.

Parcialmente separado de la realidad, el sionismo de las palomas reconocerá muchos males infligidos por Israel sobre el pueblo palestino, pero todos serán racionalizados en nombre del mal menor, es decir, la preservación del régimen sionista y su supuesta causa más progresista (un régimen moderno, secular, de apoyo a las minorías). Por otra parte, el sionismo de las palomas adopta el discurso de la “equivalencia moral”, es decir, la idea de que tanto palestinos como israelíes cometen crímenes y deben por lo tanto resolver sus diferencias a través de la “diplomacia” (como si ambas partes fueran iguales). Pero la mayor parte del tiempo, las palomas sionistas permanecen en silencio.

Parcialmente apartados de la realidad, las palomas negacionistas de izquierda reconocerán muchos males infligidos por Assad y sus aliados al pueblo sirio, pero todos se racionalizarán en nombre del mal menor, es decir, la preservación del régimen de Assad y su supuesta causa más progresista (un régimen moderno, secular, de apoyo a las minorías). Por otra parte, las palomas de la izquierda negacionista adopta el discurso de la “equivalencia moral”, es decir, que ambos bandos pro-régimen y anti-régimen han cometido crímenes y todo lo que necesitan hacer es involucrarse en la “diplomacia”, no obstante su desequilibrio en el poder y legitimidad. Pero la mayoría de las veces, las palomas de la izquierda negacionista permanecen en silencio.

Denominadores comunes

Al final del día, los halcones y las palomas sionistas comparten una serie de denominadores comunes:

  • Negacionismo, desapego de la realidad, falsa objetividad.

No importa la cantidad de evidencias, todos los sionistas, halcones y palomas por igual, distorsionarán la realidad sobre el terreno disminuyendo, en mayor o menor medida, la responsabilidad de Israel y sus políticas en el origen y la perpetuación del “conflicto”.

  • Exclusión de las voces palestinas. Parangoneando el orientalismo, los halcones y palomas sionistas convergerán para mantener fuera de foco las voces y las historias de los palestinos, que a pesar de ser la abrumadora mayoría de las víctimas, no son vistos como agentes autorizados de una narrativa que siempre es narrada por otros.
  • Conservación del statu quo por acción u omisión. Al exonerar total o parcialmente a Israel, la conservación se convierte en un acto de profundización y consolidación de la opresión y de las realidades sombrías en que viven los palestinos.

Del mismo modo, al final del día, los lacones y las palomas negacionistas de izquierda comparten una serie de denominadores comunes:

  • Negacionismo, desapego de la realidad, falsa objetividad.

Independientemente de la cantidad de evidencias, todos los izquierdistas negacionistas, halcones y palomas por igual, distorsionarán la realidad sobre el terreno disminuyendo, en mayor o menor medida, la responsabilidad del régimen de Assad y sus políticas en el origen y perpetuación de la matanza.

  • Exclusión de las voces sirias. Parangoneando el orientalismo, los halcones y las palomas negacionistas de izquierda convergerán para mantener fuera de foco las voces y las historias de los sirios, quienes a pesar de ser las víctimas, no son vistos como agentes autorizados de una narrativa que es siempre narrada por otros, preferentemente de Occidente.
  • Conservación del statu-quo por acción u omisión. Al exonerar total o parcialmente al régimen de Assad, la conservación se convierte en un acto de profundización y consolidación de la opresión y de las realidades sangrientas en que viven los palestinos.

Conclusión

Estas reveladoras semejanzas entre el negacionismo izquierdista sobre Siria y el negacionismo sionista sobre Palestina no deberían ser una sorpresa total. El reflejo ideológico y moral de la izquierda negacionista en los movimientos altamente reaccionarios como el sionismo, o incluso los totalitarios como el estalinismo, debe ser entendido a la luz de una recusación extrema de las voces populares cuando no confirman las directrices del perfecto libro de ejercicios antiimperialista. Hay muchas señales para sospechar que, lejos de ser impulsadas por una genuina preocupación por los derechos humanos y el bienestar de las masas, buena parte de la solidaridad selectiva de los izquierdistas negacionistas con los palestinos parece derivarse de la misma fuente que riega su categórica oposición al levantamiento en Siria; a saber, una inquebrantable lealtad a la geopolítica y la alta capacidad de decisión.

Así, mientras un levantamiento popular no comprometa el equilibrio geopolítico, será recompensado con aprobación, tal vez con una defensa entusiasta. Sin embargo, cuando un levantamiento popular contradice el guión o no puede ser utilizado como punta de lanza contra enemigos geopolíticos, todo el espectro de los enfurecidos izquierdistas negacionistas hará causa común en su contra, tal vez para recordarnos, una vez más, que la gente común es y debe ser siempre simples peones en el tablero de ajedrez de la Historia.

Esto no es nada nuevo para la izquierda. Prácticamente durante toda su existencia, y especialmente desde el surgimiento de la Unión Soviética, ha sido un movimiento drásticamente dividido por un cisma radical y profundo. Como resultado, han surgido dos facetas irreconciliables y ferozmente antagonistas: por un lado, los que se comprometen a respetar los cálculos geopolíticos y los ejes de poder; por otro, los que unen sus voces al clamor de las masas anhelando la libertad.

Hace casi medio siglo, un pensador marxista radical y ferozmente independiente, Hal Draper, escribió una pieza que ilustra con lucidez la enorme brecha entre estos dos puntos de vista morales y políticos:

“La primera necesidad es muy simple: necesitamos las máximas manifestaciones de solidaridad y apoyo para el pueblo checoslovaco, contra sus opresores extranjeros (…) Nosotros [en la izquierda] tenemos el deber especial de hacer oír nuestra protesta; y también, hay un significado especial para aquellos que no lo hacen. La protesta mundial está recién en marcha, después de la conmoción, y el silencio sobre este crimen internacional es tan importante como el silencio sobre el crimen norteamericano en Vietnam.”

—Hal Draper, “La invasión rusa de Checoslovaquia” (agosto, 1968).

En cuanto al caso real de Siria, y a juzgar por los números, parece que la izquierda negacionista ha ganado ventaja sobre la izquierda.

Pero inmolar a los sirios comunes en el altar de la geopolítica es, y siempre será, un mal que se enfrentará a una feroz oposición. En primer lugar de los mismos sirios, que difícilmente olvidarán todo el desprecio y la traición de los que gustan ser llamados antiimperialistas.

Ellos, los sirios, no pueden ser culpados por eso.

– Sergio Pérez es redactor en jefe de Bósforo Libros, una editorial dedicada principalmente a la Cuestión de Palestina.

Notas del traductor:

* Hasbará (hebreo הַסְבָּרָה, “explicación, esclarecimiento”) es un término utilizado por el Estado de Israel y por grupos independientes para describir sus esfuerzos por explicar las políticas del gobierno israelí y fomentar la imagen de Israel en el mundo.

** “Pallywood” es el nombre de un documental de vídeo producido por el historiador estadounidense Richard Landes en 2005. Landes, que se define como un izquierdista pro-israelí, muestra en el vídeo cómo los periodistas palestinos, a veces con medios técnicos occidentales, montan presuntas escenas ficticias con el fin de desacreditar ante la opinión pública las políticas de Israel. El término ha ganado cierta popularidad en medios pro-israelíes, para hacer referencia a la acusación general de que muchos acontecimientos son en realidad imágenes montadas por periodistas palestinos junto a camarógrafos y equipos de TV árabes, y que después son enviadas a agencias de noticias internacionales, que finalmente convierten esas “falsas” imágenes en noticias para el consumo internacional.

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