Autoras:    |   Traducción: Elisa Marvena

Publicado originalmente en inglés en Jacobin, el 7/2/2017

Dentro de unas semanas muchos sirios, sirio-palestinos y sus simpatizantes conmemorarán el sexto aniversario del levantamiento sirio. En medio de conversaciones diplomáticas que exponen el nivel de control que los poderes externos tienen sobre el futuro de Siria, es un momento importante para evaluar los retos y debates que enfrentan los sirios comunes y corrientes.

Mientras que en marzo de 2011 manifestantes pacíficos protestaban en las calles, enfrentando al ejército de Assad y a las fuerzas paramilitares, seis años más tarde la batalla se ha transformado para convertirse en una lucha entre estados (el estado asadista, Rusia, Irán, Turquía, Arabia Saudí, Qatar, Jordania, los Estados Unidos) y actores no estatales (ISIS, Jabhat Fateh al-Sham [JFS], Ahrar Al-Sham, etc) contra una población mayormente atrapada entre ellos.

Razan Ghazzawi participó en las manifestaciones de 2011 en Siria y fue arrestada dos veces por el estado asadista; la amenaza de una tercera detención la obligó a salir del país. Aún así, en 2013 volvió para vivir en Kafranbel, una ciudad fuera del control gubernamental, antes de comenzar un programa de doctorado en la Universidad de Sussex. Aquí, Ghazzawi entrevista a la activista de bases americana Ramah Kudaimi sobre activismo de base, la solidaridad transnacional y las políticas y la izquierda estadounidense sobre Siria. Ambas discuten sobre la necesidad de repensar la movilización y las estrategias de incidencia política al servicio de la protección del pueblo, la justicia y la rendición de cuentas en Siria.

Las primeras semanas de Trump en el gobierno han sido de intensa actividad tras la firma de decretos ejecutivos preocupantes. Dos en particular tendrán un impacto inmediato sobre Siria: la llamada “prohibición contra los musulmanes” que incluye un veto indefinido a los refugiados sirios, y la que pide al Pentágono presentar un plan para escalar la guerra contra el ISIS. ¿Qué indica esto sobre la política estadounidense en Siria?

Hubo mucho miedo por todo el mundo después de la elección de Trump y todo ese miedo está resultando ser legítimo a medida que se firman decretos racistas y derechistas. La administración continúa utilizando la narrativa islamófoba que pinta a los refugiados sirios como terroristas, junto con el entusiasmo por expandir la “guerra contra el terror” en colaboración con Putin, no son un buen augurio para el fin de la guerra en Siria, mucho menos para garantizar la libertad y dignidad del pueblo sirio, y especialmente la oportunidad de los refugiados de volver a casa.

Habrá mucho más derramamiento de sangre, y aunque con Obama al menos momentáneamente existió la pretensión de que el gobierno estadounidense apoyaba la revolución, éste no es el caso con Trump. Su prioridad es acabar con el “terrorismo islámico radical”, como declaró durante su discurso inaugural y trabajará con quien sea para conseguirlo, incluido Assad, que dice tener la misma prioridad. Así que EE.UU. continuará el mismo camino de bombardeos en su guerra contra el terror en Siria, pero de forma más intensa y de manera mucho más abierta en apoyo de Assad.

A finales de 2016, los medios de comunicación del estado asadista y sus apologistas usaban Alepo como símbolo de la “victoria” contra los “terroristas.” ¿Cómo crees que deberíamos ver Alepo, especialmente si consideramos que la zona de Wadi Barada está en estos momentos también bajo intensos bombardeos estatales?

Lo que pasó en Alepo ha venido ocurriendo durante años. El régimen y sus apoyos han estado usando la táctica del asedio y la expulsión en masa de los combatientes opositores y civiles para retomar el control de otros partes del país como Homs y Daraya. Hace tiempo que los Estados Unidos han dejado de simular que apoyan las aspiración del pueblo sirio a una vida libre del régimen opresivo y han dejado vía libre a Rusia e Irán para que hagan lo que les plazca en Siria.

Ahora vivimos una época de guerra en la que no existe ni el intento de respetar los estándares internacionales básicos de la ley humanitaria, como evidencia por ejemplo el incremento de ataques sobre hospitales no sólo en Siria, sino también en Yemen y Afganistán, y el continuo uso de armas químicas por parte de Asad en Siria sin haber de rendir cuentas.

Vimos todos estas realidades tomar forma juntas en Alepo. Es bastante vergonzoso para la comunidad internacional que lo que salvó a los sirios de la matanza en masa en Alepo fue la expulsión en masa de sus casos, que es en sí mismo un crimen de guerra. Por lo que un crimen de guerra es usado para prevenir que una población sufra otro crimen de guerra diferente.

Las atrocidades ocurridas en Alepo y la completa falta de rendición de cuentas han dado a Assad y sus aliados luz verde para continuar usando estas tácticas en su intento de retomar el control del país y ya vemos el resultado de esto en Wadi Barada. El futuro inmediato no pinta bien para los sirios dado que parece que el régimen va a permanecer en el poder por el momento y el arraigado papel que tienen los apoyos de Assad en determinar el futuro del país.

Un “alto al fuego” ha sido propuesto recientemente por Rusa junto con Irán y Turquía. ¿Qué significa esto para el activismo de base en Siria?

Rusia, Irán y Turquía juegan el papel de fuerzas de ocupación en Siria y en este momento no parece que les preocupe consultar nada ni siquiera con el régimen sobre el futuro de Siria, ya que cada uno busca crear sus zonas de influencia y conseguir lo que va bien para sus propios intereses. El pueblo sirio ha sido dejado de lado en las negociaciones sobre el futuro de su país por los diversos poderes que intervienen y es gracioso que Assad y sus simpatizantes sigan sosteniendo que él defiende la soberanía de Siria cuando ha entregado el país en bandeja a otros estados y milicias extranjeras.

El levantamiento ha sufrido un gran número de reveses y las diferentes fuerzas contra-revolucionarias han tenido éxito hasta ahora en frustrar las ambiciones de libertad y dignidad. Ahora es importante que los sirios y aquellos en solidaridad con la revolución se reorganicen sobre cómo puede impactar el futuro lo ocurrido en Alepo junto con la presidencia de Trump.

Me gustaría saber tu opinión sobre Trump, como activista de base de la izquierda estadounidense. Con Obama, gran parte de la organización y las presiones políticas sirio-estadounidenses se han centrado en los responsables de la toma de decisiones en la administración estadounidense, con la esperanza de influir en su política exterior sobre Siria. Eso no funcionó muy bien en los últimos años. Ahora que Trump está en el cargo, ¿crees que los sirios deben seguir centrándose en influir en Washington?

El enfoque de la mayoría de los principales grupos políticos sirio-americanos estos últimos años ha sido influir en la administración de Obama y presionar al Congreso en apoyo de la revolución. Los ejemplos incluyen empujar la demanda de una zona de exclusión aérea (NF-Z) y sanciones contra el régimen. Pero lo que ha sido el error desde el principio para los sirios-estadounidenses es suponer que los Estados Unidos buscaban un cambio de régimen y que esto podría aprovecharse para beneficiar a la revolución.

Esta idea se basó en los expertos políticos de los Estados Unidos que afirmaban que el régimen era un enemigo, así como la alianza de Siria con Irán, un país que muchos neoconservadores y sionistas estaban ansiosos por debilitar y atacar. Aunque Obama habló en contra del régimen e incluso pidió la dimisión de Assad, la realidad ha sido que Estados Unidos ha hecho mucho para preservar el régimen en los últimos cinco años.

¿Por qué querría Estados Unidos deshacerse de un líder que había sido útil y sustituirlo por uno que fuera verdaderamente democrático y antiimperialista? Assad ha estado sirviendo a los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos durante años: Siria participó en el programa de entregas de la CIA, el régimen había mantenido la frontera con Israel tranquila durante décadas, el país había estado pasando por reformas económicas neoliberales en beneficio del capitalismo global.

Estados Unidos ha proporcionado cierta capacitación y suministros básicos a varios grupos rebeldes, pero también bloquearon el envío de armas más sofisticadas y se les dijo a los que fueron entrenados que enfocaran su lucha en el ISIS, no contra el régimen. Más significativo aún es que cuando Estados Unidos intervino en Siria en septiembre de 2014 fue para bombardear a al Qaeda y al ISIS, no al régimen, e incluso antes de la elección de Trump, Obama y Putin estaban aumentando su coordinación en Siria. Nada de lo que ha hecho Estados Unidos ha sido en apoyo de las aspiraciones del pueblo sirio por la libertad y la dignidad.

El error de muchos grupos políticos sirio-americanos fue pretender que el gobierno estadounidense, que ha suprimido las revoluciones en todo el mundo, tendría buenas intenciones con respecto a la revolución siria. L vergonzoso de muchos grupos políticos sirio-americanos es ignorar a los compañeros revolucionarios oprimidos en Egipto, Bahrein, Yemen, Irak, Palestina, porque algunos políticos de Estados Unidos han denunciado los crímenes de guerra de Assad.

El trabajo de incidencia política continuará bajo Trump, pero ésta es una oportunidad para repensar la estrategia e impulsar una política exterior que respete verdaderamente los derechos de todas las personas y exija la rendición de cuentas de todos los crímenes de guerra, lo que no sólo ayudará a los sirios sino a todos los que luchan por libertad.

Trump ha provocado resistencia entre una amplia franja de estadounidenses, y esto se ha visto en las masivas movilizaciones contra sus políticas. ¿Por qué deberían los sirios organizarse en las bases con las comunidades locales en lugar de centrarse en los responsables políticos del gobierno?

Yo soy organizadora de base por lo que, en mi opinión, el poder se construye desde abajo. Y eso comienza construyendo una base en las comunidades locales. La presidencia de Trump es una oportunidad para los sirios en los Estados Unidos de tomar las lecciones aprendidos durante la organización bajo Obama y pensar realmente en con quién queremos construir relaciones con el fin de fortalecer nuestra comunidad, especialmente los refugiados sirios, que como hemos sido testigos, son uno de los primeros grupos en ser atacados.

Especialmente teniendo en cuenta que la prioridad de Trump será expandir la guerra contra el terror, que en Siria significa una coordinación más estrecha con Putin y Assad, es más importante que nunca que los sirios en Estados Unidos construyan con otras comunidades oprimidas para poner fin al impacto destructivo del imperio estadounidense, lo que que beneficiará a todas las luchas de liberación.

La liberación colectiva es el único camino a seguir. Los sirios y sus simpatizantes deben asegurarse de que Siria forme parte del movimiento de resistencia contra Trump. Y esto no se puede hacer de manera despolitizada, centrada en la difícil situación de los refugiados, sin denunciar al régimen y a sus partidarios como los principales responsables de la violencia contra ellos y la razón principal por la que huyen los sirios. A medida que se une este movimiento contra el régimen de Trump, es necesaria la articulación de una solidaridad internacionalista con las luchas contra los regímenes opresivos a nivel mundial y Siria tendrá que ser una gran parte de ella.

El contexto en el que la diáspora siria debe organizarse es desalentador. Hay una extrema derecha emergente en Europa, la cooperación ruso- estadounidense sobre Siria que ha revivido el imperialismo ruso y finalmente la presidencia de Trump en Estados Unidos. En este contexto, ¿cuáles son los objetivos y desafíos para la organización popular?

Debemos estar en solidaridad con las comunidades oprimidas y construir desde lo local. Escucho a algunos sirios en Estados Unidos preguntando por qué la gente no se preocupa más por Siria. Bueno, ¿cuándo fue la última vez que la comunidad siria participó en una protesta de Black Lives Matter, una acción anti-deportaciones o habló de prisioneros políticos en EE.UU.? Es nuestro deber como sirios en EE.UU. narrar los eventos en Siria de manera que la gente entienda la revolución, pero no podemos hacerlo sin ser conscientes de las luchas que ocurren justo en nuestra propia casa.

No podemos culpar a las personas por no estar interesadas en Siria cuando no nos hemos interesado en sus luchas, o dejar que los miembros de la élite de la diáspora establezcan nuestra agenda.

Como parte del proceso de averiguar qué hacer a continuación como sirios y activistas en apoyo de la sublevación siria debemos hacer una pausa y reflexionar sobre los errores y las estrategias del pasado. ¿Cuáles crees que fueron los principales errores cometidos en los últimos cinco años en relación con la justicia en Siria y cuál crees que es el camino a seguir?

Es problemático cuando la gente quiere enfrentar una revolución basada en el pragmatismo. Revolución significa una ruptura completa con la política de siempre. Los sirios no salieron a las calles en marzo de 2011 con el fin de reemplazar un régimen respaldado por Irán y Rusia con uno respaldado por cualquiera de estos diversos regímenes que dicen ser amigos de Siria. Las mujeres sirias no murieron a manos del régimen, para ser ahora víctimas de grupos rebeldes con creencias religiosas extremistas basadas en los regímenes que les están enviando ayuda.

No podemos ignorar los crímenes de guerra de otros regímenes sólo porque sus líderes estén apoyando a los refugiados sirios. El régimen que arroja bombas y masacra a niños en Yemen no es un verdadero amigo de los sirios. El líder que niega la autodeterminación kurda no es un verdadero amigo de los sirios. El imperio que destruyó Irak no es un verdadero amigo de los sirios. Si esto es una revolución de verdad, hay que perseguir los máximos principios revolucionarios.

Ahora bien, la realidad es que existe el capitalismo, el imperio estadounidense y varias fuerzas contrarrevolucionarias, y los sirios tienen que lidiar con todo esto mientras siguen luchando por la libertad y la dignidad. Así que no quiero dar a entender que por el bien de la supervivencia los sirios no actúan ni deben actuar siendo realistas. Pero debemos asegurarnos de que nuestro discurso sobre la revolución siga basándose en unos principios y rechace la forma en que las cosas son, porque así es como podemos seguir rechazando las políticas reaccionarias y liberales y construir un mundo verdaderamente transformador libre de todos los sistemas opresivos.

Otra cosa que quiero destacar es el error de no rechazar la matanza de civiles sirios, sin importar quién sea el culpable. No podemos permanecer en silencio sobre la muerte de más de mil sirios a manos de las fuerzas de la coalición estadounidense. No podemos silenciar los crímenes de guerra cometidos por grupos rebeldes. Debemos seguir responsabilizando al régimen ya sus partidarios como los principales responsables de la destrucción de Siria y de la propagación del sectarismo, pero eso no significa que demos carta blanca a otras fuerzas que contribuyen a esto.

¿Crees que algunos de estos errores contribuyen, de alguna manera, a excluir algunas voces que inicialmente fueron solidarias con el levantamiento en 2011? ¿Cómo podemos construir hoy un fuerte movimiento de solidaridad transnacional a pesar de todos estos desafíos?

No quiero culpar demasiado a los sirios por la falta de solidaridad con la revolución. El régimen de Assad es uno de los más brutales de la región y los sirios se criaron en un estado autocrático en el que tuvieron que desconfiar incluso de su propia familia. Entonces, ¿cómo puede la gente en semejante clima organizarse en oposición a este régimen, que desde el principio estaba decidido a usar la violencia y el sectarismo para mantenerse en el poder?

Y sin embargo la barrera del miedo se rompió y se llevaron a cabo protestas hermosas e inspiradoras en todo el país. E incluso después de que la revolución se militarizase y fuese finalmente dominada por grupos armados, las protestas continuaron, no sólo contra el régimen sino contra grupos armados que no defendían los valores de la revolución y grupos como Al Qaeda e ISIS.

Vimos cientos de protestas en todo el país en el quinto aniversario de la revolución, vimos protestas en Alepo durante la última campaña de bombardeos, y luego nuevamente estallaron protestas en todo el país con el anuncio de un alto el fuego el mes pasado. Y el mensaje sigue siendo el mismo: exigimos la caída del régimen. La realidad es que no ha habido suficiente solidaridad transnacional con este llamamiento y en cuenta se han hecho exigencias al pueblo sirio para que demostrasen que son dignos de solidaridad, exigencias que parecería ridículo hacer en el contexto de otras luchas.

A diferencia de la mayoría de los levantamientos de la región, la izquierda, regional o internacionalmente, no ha apoyado ni adoptó una postura solidaria con el derecho de los manifestantes sirios a la autodeterminación contra un régimen autoritario y neoliberal. En cambio, muchas voces han actuado más bien como apologistas del estado asadista. ¿Por qué?

Muchos en la izquierda han ignorado las pruebas y no han sido solidarios. Tenemos grupos anti-guerra que han salido abiertamente en apoyo al régimen de Assad y al imperialismo ruso. Tenemos expertos y blogueros que sirven como apologistas del régimen, tratando de culpar a cualquiera, excepto al régimen, por la destrucción del país, adoptando el marco de la “guerra contra el terror” para blanquear los crímenes del régimen, usando la islamofobia para difamar a los activistas sirios como simpatizantes extremistas.

Tenemos gente de izquierdas que ignoran por completo esta peligrosa conducta porque sí, aunque Assad sea un criminal, no podemos estar seguros de lo que viene a continuación, por cuestiones de soberanía, porque el imperio de EE.UU. es el verdadero mal en el mundo. Todos estos argumentos serían objeto de risa en el contexto de otras luchas.

Los sionistas exigían que Mubarak se quedara en el poder en febrero de 2011 porque de otra manera los extremistas tomarían el poder. Nadie discute la soberanía para excusar la intervención de Arabia Saudita en Yemen por haber sido invitados por el gobierno yemení. Y si al antiimperialismo le parece bien sustituir el imperialismo estadounidense por el imperialismo ruso, entonces es un mal antiimperialismo. También hay una ignorancia intencional en lo referente a Siria perpetuada por aquellos que quieren que pensemos que la elección es entre Assad o ISIS, ignorando la existencia de comités locales de coordinación y otras formaciones de base que podrían ser una alternativa y necesitan apoyo.

La izquierda estadounidense en su mayor parte continuó enfocada en la narrativa del cambio de régimen, que de nuevo ignoró todas las acciones que Estados Unidos ha llevado a cabo para preservar el régimen más allá de la retórica. Se burlaron de la idea de que pudiera haber grupos rebeldes sirios moderados, afirmando que todos los combatientes contra Assad eran extremistas y luego se espantan de que la gente de derechas tache a los refugiados sirios de terroristas y quieran prohibirles la entrada. Y lo más asqueroso es cómo la izquierda de EE.UU. se ha pasado los últimos dos años organizándose de forma histérica contra una NFZ (zona de exclusión aérea) que no existe, en lugar de hacerlo contra las bombas estadounidenses que cayeron sobre Siria matando a más de mil personas.

Esta es la razón por la que no me creo aquello de que los activistas antibelicistas estadounidenses deberían preocuparse únicamente por las acciones estadounidenses y que, por lo tanto, su enfoque en Siria es asegurarse de que la intervención militar estadounidense no ocurra. La realidad ha sido que muchos en el movimiento contra la guerra sólo se han movilizado por Siria para preservar a Assad. En septiembre de 2013 hubo protestas para detener la guerra de Estados Unidos contra Siria tras el ataque con armas químicas en Ghouta. Estados Unidos no bombardeo Siria en aquel moment. Desde septiembre de 2014, Estados Unidos ha estado bombardeando constantemente en Siria. Sólo en 2016 cayeron doce mil bombas estadounidenses, incluso más que las que cayeron sobre Irak.

No he visto ni una protesta contra estas bombas por parte de los de “Hands off Syria”. La única diferencia entre septiembre de 2013 y septiembre de 2014 fue el objetivo de las bombas estadounidenses. Por lo que cuando los activistas contra la guerra sólo están protestan en las calles contra un posible bombardeo estadounidense contra el régimen mientras callan sobre el bombardeo real que está teniendo lugar, no se sorprendan de que la gente concluya que la izquierda estadounidense es blanda con Assad.

La izquierda estadounidense tiene la oportunidad de redimirse en la era de Trump. El respaldo de Estados Unidos al régimen y los crímenes de guerra rusos en Siria serán más explícitos, no habrá más propuestas de NFZ para descarrilar la conversación y la solidaridad con la revolución siria se convertirá en una necesidad.

Parte del problema es también que la gente quiere analizar Siria de manera aislada sin ningún contexto histórico o regional. Han pasado seis años desde que Mohamed Bouazizi se prendió fuego para protestar contra el acoso policial que sufrió. Su acto inspiró a los tunecinos a salir a las calles y exigir la caída del régimen, un llamado que pronto fue repetido por personas de toda la región, incluyendo Egipto, Libia, Bahréin, Yemen y Siria. Seis años después, el pueblo sigue luchando por los objetivos de libertad y dignidad de estos levantamientos frente a la represión del régimen, las fuerzas contrarrevolucionarias y las intervenciones externas.

Creo que un gran problema al analizar la región en general es o bien fingir que los últimos seis años no han ocurrido o centrarse sólo en estos últimos seis años. Se quiere hablar sobre regímenes respaldados por EE.UU. e intentos de cambio de régimen como si los pueblos en la región no tuvieran voluntad. O bien se descarta el impacto a largo plazo de la invasión estadounidense y la ocupación de Irak en la región o sólo se consigue ver la región en relación con EE.UU., una forma de excepcionalismo estadounidense, pero de izquierda. Debemos ser solidarios con todas las luchas por la libertad y la dignidad en la región y eso significa posicionarse claramente en contra de todos los regímenes y potencias imperialistas.

¿Cómo ve la relación entre las luchas palestina y siria?

En relación con Palestina en particular, creo firmemente que Palestina no será liberada hasta que caigan todos los regímenes árabes criminales y hasta que la gente de la región no será libre hasta la caída del régimen sionista. Obviamente, el sionismo ha tenido su impacto más directo sobre los palestinos, pero también ha atacado a los árabes y musulmanes en general.

No olvidemos que el Golán sirio ha estado ocupado por Israel desde 1967, cuando Israel hizo limpieza étnica con la mayoría de la población. El primer asentamiento que Israel estableció en tierras robadas no estaba en Cisjordania, sino en el Golán. Estos regímenes árabes han utilizado Palestina para legitimar su gobierno, mientras que ellos mismos matan y torturan a los palestinos.

En Siria, los refugiados palestinos han sido asesinados y torturados por el régimen, los campamentos de refugiados han sido bombardeados y sitiados. Sin embargo, hay personas que afirman ser pro-palestinos y que defenderán al régimen en nombre de la liberación palestina. La difícil situación de los refugiados palestino-sirios debería haber favorecido un empuje entre los activistas de derechos humanos palestinos para discutir la importancia del derecho de retorno, pero en su lugar la discusión dominante es cómo Siria ha dividido los movimientos.

Debemos entender que las luchas en la región están íntimamente ligadas, no en un sentido chovinista de nacionalismo árabe, sino en el sentido de que todas las personas en la región -árabes, kurdos, iraníes, armenios, etc.- se enfrentan a varias fuerzas opresivas y la liberación de un grupo no puede ser a expensas de la de otro. En general, en todo el mundo, cuando los políticos y grupos fascistas de derecha ascienden al poder, debemos mejorar en la construcción enfocada en la liberación colectiva.

También quiero señalar que ha habido hermosas manifestaciones de solidaridad entre palestinos y sirios. Después de que los colonos israelíes incendiaran el hogar de la familia Dawabshe en la aldea de Duma, en Cisjordania, en julio de 2015, los sirios de la ciudad de Kafranbel llevaron una pancarta que decía: “Tu Duma y la nuestra, tu asesino y el nuestro. Los años son testigos de nuestro dolor y del vuestro y seguiremos siendo hermanos en la muerte.” La ciudad siria de Duma ha sido víctima de varias campañas de bombardeos masivos por parte del régimen.

En abril del año pasado, aviones rusos y del régimen bombardearon un hospital en Alepo con el nombre de Al Quds (Jerusalén). Los palestinos en el campo de refugiados de Jabalia en Gaza, que han estado bajo bloqueo durante más de diez años, a quienes se les ha negado su derecho a regresar durante casi setenta años, realizaron una protesta solidaria llevando letreros con consignas: “Aleppo está sangrando. Gaza está siendo estrangulada. Gaza y Siria de la mano”.

Se dedica mucho tiempo a organizar espacios para discutir las teorías de solidaridad, pero a veces la mejor manera de entender lo que realmente significan estos conceptos es ser testigos de cómo las personas oprimidas que luchan por simplemente por sobrevivir bajo las bombas y los asedios las practican en su día a día.

Cuando nos conocimos en DC, propusiste que el llamado a la acción que los sirios han de defender hoy esté enfocado en detener la guerra contra los sirios. ¿Por qué crees que esto supondrá mayor legitimidad que los llamados anteriores y cómo podemos hacer que se cumpla?

Debe haber un fin inmediato de todos los bombardeos en Siria. Esa debe ser la primera demanda. Actualmente no hay espacio para que los sirios continúen la revolución porque se trata de sobrevivir, ya que gran parte del mundo, además del régimen, está librando una guerra contra ellos. El al menos una exigencia que puede unir a la gente y se utilizada para educar y construir solidaridad con los sirios. La necesidad de la educación política es también particularmente importante para contrarrestar las campañas de desinformación intencionadas que buscan manchar la revolución y blanquear los crímenes del régimen. La forma más básica de solidaridad es contrarrestar las narraciones falsas sobre Siria.

Otra cosa en la que pensar es cómo atraer la atención y abogar por temas específicos relacionados con la revolución. Así, por ejemplo, si hay gente trabajando sobre el encarcelamiento masivo o la tortura, centrarse en los presos políticos sirios tiene sentido. Si hay gente interesada en el uso del arte en búsqueda del cambio político, hay mucho que estudiar en relación con Siria.

Aquellos en el campo de la medicina, el periodismo o la educación pueden pensar en cómo resaltar el coraje de sus colegas en Siria y demandar que se les permita hacer su trabajo. En ausencia de un proyecto político claramente articulado, estos actos de solidaridad marcan la diferencia al hacer incidencia sobre el discurso, primer paso para organizarse por el cambio.

Debemos pensar en el largo plazo ahora y en cómo seguir trabajando para que las semillas de libertad y dignidad que se plantan en Siria tengan capacidad de salir y crecer.

La violenta ofensiva de Assad contra los manifestantes pacíficos desde el día uno del levantamiento llevó a su militarización. Esto impuso grandes desafíos para la participación de las mujeres manifestantes y otros grupos en la sociedad. Con el tiempo han quedado marginados. ¿Cómo crees que se deben abordar estos desafíos?

En cualquier lucha, la militarización tiende a favorecer la participación de los hombres a expensas de las mujeres. Las mujeres estuvieron muy presentes en las protestas desde el principio en Siria, han jugado papeles esenciales en los comités de organización local y han hecho un trabajo mediático muy importante. También han sufrido a manos del régimen como lo han hecho los hombres al ser asesinados, encarcelados, torturados y exiliados, pero también en maneras que los hombres no enfrentan, como por ejemplo el delito de violación y el vivir bajo interpretaciones extremistas de la doctrina religiosa de algunos grupos armados que gobiernan ciertas partes del país.

Tanto los liberales como los apologistas del régimen han usado y abusado del discurso de los derechos de la mujer en la región, pero eso no debe impedir que discutamos el impacto negativo que la marginación de las mujeres ha tenido en la revolución y pensemos en lo que podemos hacer para crear espacios para que las mujeres sirias puedan contribuir plenamente en la lucha.

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