12 de abril de 2017

Texto escrito por Omar Sabbour en Facebook. Publicado aquí con su permiso:

Por supuesto, el sirio medio en zona rebelde se habrá alegrado generalmente del ataque aéreo (aunque no siempre y esto también diferirá de un área como Idlib que ha sido testigo de repetidas masacres de EE.UU. a un área como Dara’a en que no ha sido el caso) por la regla base del “que le den a Assad”, aunque sea incidentalmente incluso en el caso de reconocer generalmente que se trate de una pantomima aislada. Sin embargo, a nivel de un movimiento político, una actitud sin contexto pasajera de “que se joda Assad” no es suficiente y, desde esta perspectiva, el que muchos grupos de la oposición y de solidaridad con Siria hayan aplaudido el ataque aéreo de Trump -que probablemente sea una trampa- es probablemente un error grave.

La oposición tuvo una brillante oportunidad de redimirse después de años perseguiendo ayuda (no alcanzada) de Occidente. Mientras que no se puede demonizar (como hacen los privilegiados idiotas de Stop the War) a los que bajo las bombas quieren cualquier tipo de ayuda, estos grupos, sin embargo, no deberían haber caído en la trampa de un ardid publicitario (el ataque de Trump a una base aérea vacía a la que ni siquiera dejó fuera de servicio), y menos cuando deberían recordar que los ataques aéreos estadounidenses han matado a 1.000 civiles en Siria, incluyendo a 50 en un ataque aéreo a una mezquita en la misma provincia de Idlib y 30 en un ataque aéreo a una escuela de Raqqa en hacía sólo una semana. Acoger con beneplácito este hecho abre la puerta a asociar a la oposición con una intervención más amplia de los Estados Unidos *que no pretende echar a Assad* (en términos “pragmáticos”) para añadirse a la inaceptable naturaleza de aceptar una intervención americana (en términos de principio). Y lo que es más importante, todos estos grupos se han desviado completamente de lo que debería ser su prioridad y han aprovechado la oportunidad para repetir de nuevo la misma actitud incorrecta de estos 6 años: la afirmación de que la comunidad internacional dirigida por Estados Unidos no ha estado “haciendo nada” en Siria (falso – ha estado ayudado activamente a Assad e impidiendo el colapso de su régimen) y que el único remedio es la de una intervención militar contra el régimen (a falta de eso, no hay nada que los Estados Unidos puedan hacer y así sigue el argumento. Si esto no sucede,  entra el desaliento y la gente piensa que no hay nada que se pueda hacer para mejorar la situación).

En su lugar, el enfoque debería haberse centrado en los aspectos prácticos, perjudiciales e *intervencionistas* -no la autodenominada “hands off” (manos fuera)- de la política estadounidense respecto a la rebelión, como han estado diciendo los activistas sirios sobre el terreno. El objetivo debería haber sido exigir a los Estados Unidos y el Reino Unido que levantaran el bloqueo de armas cualitativas (incluidas las antiaéreas) de los aliados regionales y que eliminaran las restricciones impuestas a los suministros de municiones (como el centro de operaciones militares-MOC en Jordania y el centro de operaciones conjuntas-MOM en Turquía). El objetivo debería ser exigir a los gobiernos occidentales que congelen cualquier apoyo militar a Irak, Egipto y el Líbano hasta, respectivamente, (a) la retirada total de las milicias del Ejército iraquí que luchan por Assad en Siria; (b) el cese de la ayuda militar egipcia al régimen de Assad; y (c) el retiro total de Hezbollah al Líbano. La combinación de las milicias iraquíes y Hezbollah es la que constituye de hecho el ejército de Assad e incluso la ausencia del primero (que a diferencia de Hezbollah, está recibiendo apoyo militar directo de Estados Unidos), haría una mella enorme a las capacidades de Assad. Hay finalmente que focalizarse en decir a los EE.UU. y al Reino Unido que cesen cualquier operación militar en coordinación con el régimen de Assad, retiren sus aviones del mismo espacio aéreo con él -sea el objetivo ISIS o cualquier otro- y por último que cese cualquier intercambio entre los servicios de inteligencia occidentales y el régimen de Assad.

La realidad pragmática es que probablemente no cambie la política de la administración estadounidense y, por lo tanto, podemos volver a recordar el principio de realidad: los Estados Unidos han matado a cientos de civiles sirios inocentes y cientos de miles más de manera indirecta; han pasado tres años uniéndose al régimen para lanzar bombas exclusivamente sobre áreas de Siria que se sublevaron en 2011; promovieron indirectamente el surgimiento de ISIS para intentar asegurar la elección dualista entre Assad y el extremismo religioso; y han impedido que el pueblo sirio tuviera los medios para defenderse. Estados Unidos es objetivamente -no emotivamente- un enemigo de la revolución siria y del pueblo sirio y, a mi juicio, ha demostrado ser un actor aún más importante en la preservación del régimen que Rusia (que sólo podía ayudar al régimen, pero no obstruir el apoyo a sus enemigos). Fueron Assad o Rusia quienes incendiaron el edificio, Estados Unidos le escondió el extintor de incendios a las víctimas. Las personas que apoyan la revolución deberían ser quizás un poco más cínicos y dejar de caer en sus trampas y maquinaciones.

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