Este es un relato de Razan Zaituneh, icono de la revolución, desaparecida tras ser secuestrada presuntamente por Jaish al Islam en 2013. Razan escribe el testimonio de un testigo de la sentada en la Plaza del Reloj, Homs, el 18 de abril de 2011, que acabó en masacre. Fue escrito en 2011 y publicado originalmente en inglés en Syria Stories. Lo traducimos y publicamos aquí como parte de un acuerdo entre Syrian Stories y Flores en Daraya.

Autora: Razan Zaitouneh |  4/11/2011

No es fácil hablar con el activista de Homs sobre su ciudad; mientras hablas, sin darte cuenta te encuentras alternando entre risas y lágrimas.

¿Qué podría uno preguntar sobre una ciudad que ha perdido a más de 1.200 mártires desde el inicio de la revolución? A pesar de las pérdidas, los sirios todavía esperan con avidez la protesta diaria en Homs, retransmitida en directo por algunos canales satélite.

Estas manifestaciones parecen carnavales de la libertad celebrados a pocos metros de los disparos y bombardeos diarios.

Según Majid Amer, activista desde el inicio de la revolución, los manifestantes se reúnen en un espacio relativamente seguro, al abrigo de casas y callejones estrechos. Bloquean las entradas al lugar de reunión utilizando contenedores de basura, entre otras cosas, y colocan vigilantes que al sonido de un silbato les advierten de la llegada de los cuerpos de seguridad del estado.

Pero las incursiones de la policía y los bombardeos desde tanques no son la única fuente de terror en esta ciudad, ahora conocida como la capital de la revolución siria. El sonido de los disparos de francotirador es aún más aterrador que el de los fusiles automáticos o incluso el de las bombas. Si le pides a Majid que describa este sonido, diría, “sencillamente es el anuncio de una muerte segura.”

Majid fue uno de los primeros en asistir a las manifestaciones con su familia. Le ha puesto el nombre de zonas de Homs a las habitaciones de su casa, según el nivel de “seguridad” de cada una. A la habitación de sus padres la llama Jalidiya y a la de su abuela, que no para de gritarle y le castigarle, Baba Amro, la zona que a menudo es testigo de fuertes enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. El salón se llama Bab al-Siba, ‘porque siempre está lleno de invitados y miembros de la familia’.

A medida que el régimen intensifica su represión violenta sobre esta ciudad rebelde, la vida en Homs se torna cada día más trágica. El coche de Majid se ha convertido en ambulancia; dice que tiene que cambiar los asientos cada vez que transporta a algún herido porque las fuerzas de seguridad en los puestos de control suelen buscar rastros de sangre en el interior de los coches. Últimamente ni siquiera ha sido capaz de transportar a los heridos, ya que la seguridad y los controles militares han aislado efectivamente las diferentes partes de la ciudad.

Las cosas dieron un giro aún más sangriento en aquel infame día en el que tuvo lugar la sentada frente a la Torre del Reloj, que acabó en masacre tras pocas horas de empezar.

“Se habían hecho preparativos para enterrar a los muertos del día anterior, mientras que los familiares de las víctimas se dirigían al cementerio de al-Shuhada en Bab Tadmur,” dijo Majid. “Fue la multitud más grande que había visto nunca en un solo lugar”.

“Tras los enterramientos, la gente comenzó a cantar al reunirse en la plaza Bab Tadmur; Yo estaba abrumado de alegría y orgullo.”

“Una media hora más tarde, algunos manifestantes comenzaron a señalar la estatua del infame Hafez al-Assad al canto de: ‘A Hubal, a Hubal,’ [se refiere a la deidad árabe pre-islámica, cuya estatua denota la infidelidad para los musulmanes].”

“Dirigir la multitud hacia ese lugar significaba una matanza”, continuó Majid. “Creo que los que estaban tratando de hacer esto eran agentes de seguridad encubiertos.

“Entonces comenzamos a gritar para redirigir a la multitud hacia el mercado a través de la calle Hamidiye. Rogamos a los manifestantes, incluso lloramos para que no continuasen hacia la estatua.”

“Hasta ese momento, la idea de organizar una sentada o incluso de llegar hasta la torre del reloj no se nos había ocurrido. Cuando me aseguré finalmente de que la multitud se dirigía al mercado, me senté en el suelo y me eché a llorar. Estaba descalzo y mis ropas hechas añicos, pero me recuperé y marché con la multitud, cuyos cantos alcanzaban el cielo.”

“Mientras avanzábamos por la calle Hamidiye, la gente nos rociaba con agua desde los balcones y las mujeres aullaban de alegría. A medida que nos reuníamos alrededor de la torre del reloj, la noticia de la sentada llegaba a otras partes de la ciudad y más gente comenzó a dirigirse hacia allí.”

Majid me explicó estos sucesos mientras estábamos sentados en el café Toledo. Se detuvo brevemente para traerme una taza de café. Dijo que sería imposible volver a vivir estos momentos preciosos de nuevo. Sus palabras me recordaron a lo que había dicho ese día el luchador por la libertad Muhammad Najati Tayyara desde el escenario de la sentada; dio las gracias a los revolucionarios, diciendo que era la primera vez que se había sentido libre en sus 60 años de existencia.

“Y no importa si vivo o muero”, dijo Tayyara.

Pero lo que había comenzado como el día más hermoso de Homs terminó como uno de los más trágicos y dolorosos. En cuestión de pocas horas, miles habían montado sus tiendas de campaña y preparado la plaza para una sentada que pretendía durar hasta la caída del régimen. El régimen, sin embargo, tenía otros planes.

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Concentración en la Plaza de Reloj, Homs, poco antes de la masacre. Fuente: Twitter

“Me dirigía a casa alrededor de las 11:30 pm para ducharme y cambiarme antes de regresar a la sentada. Cuando pasé por el museo, los vi en la oscuridad “, dijo Majid.

“Estaban escondidos en la entrada del edificio que daba a la torre del reloj, con sus repugnantes uniformes y sus fusiles automáticos.

“Me quedé en la calle solo, en la noche tan oscura como la crueldad de un asesino. Al encender un cigarillo, vi a docenas de ellos entrando en acción, escurriéndose dentro del edificio.”

“Continué caminando – estaba temblando; no podía volver porque se habrían dado cuenta de que les había visto. Mientras caminaba a través del lugar, mi corazón casi se paró pensado en recibir un disparo en la cabeza. Entré en un callejón cercano y me quedé allí petrificado.”

“Durante 10 minutos intenté contactar con alguno de los manifestantes por teléfono. Finalmente alguien contestó y prometió evacuar la plaza inmediatamente. Cuando le volví a llamar pocos minutos después me dijo que un clérigo en la sentada le había asegurado que las fuerzas de seguridad ¡estaban allí para proteger a los manifestantes!”

“Me chocó oír esta respuesta y mi única reacción fue volver a casa. Me lavé y me tumbé, intentando creer la historia, pero no pude. Cuando volví a llamar, los otros manifestantes me contaron lo mismo. Estaba tan cansado que me quedé dormido… para despertarme con el sonido de las balas.”

“Me encontré de repente en la calle, corriendo hacia mi coche, mientras las balas volaban por todas partes. Pude escuchar a alguien gritar mi nombre diciéndome que no fuera, pero ya había encendido el motor y me dirigía hacia la carretera que lleva a Hama.”

“Por el camino la gente estaba en shock y había sonidos ensordecedores por todas partes. Aceleré hacia la calle Dablan, que lleva a la torre del reloj desde el otro lado. Niños, hombres y mujeres de todas las edades huían en todas direcciones.

“Paré el coche y subí a gente adentro, después conduje en dirección opuesta para llevarles a un lugar seguro; no sé cuántas veces repetí esto, pero mientras conducía el coche sufrió un golpe y yo comencé a llorar, incluso a gemir, y ya no podía ver hacia dónde iba. No sé cuántas veces conduje de un lado a otro, ni recuerdo a cuántas personas llevé en el coche.”

“Sentía que estaba apunto de derrumbarme; lo único que recuerdo es que estaba en la calle enfrente de mi casa y la gente me sacaba del coche mientras yo temblaba y lloraba de manera bizarra.”

“Los disparos continuaron hasta el amanecer, y yo seguí llorando histéricamente, con un sentimiento indescriptible de derrota. Fue un momento decisivo; sentí que los asesinos debían morir.”

“En la mañana, el sol anunció una nueva gloria para la ciudad, pero el orgullo del nuevo día no abarcada a cubrir su crueldad.”

La redada había causado docenas de muertes, y cientos más fueron arrestados o desaparecieron, sin mencionar el abrumador sentimiento de terror y opresión que se asentó sobre aquellos que sobrevivieron. Desde entonces, Homs compite en una carrera contra el reloj para crear un cambio político.

“Aún no creo que el Consejo Nacional Sirio sea viable,” dijo. “Podría ser porque nosotros, sobre el terreno, sentimos que el tiempo pasa muy despacio a nivel político. Durante meses, cada vez que vuelvo a casa me hallo limpiando la sangre de mis amigos de mis manos y ropas, después me siento frente a la televisión esperando la noticia que anuncie un acuerdo final y un nuevo sistema que represente la revolución siria.”

Le pregunté a Majid si apoyaba la militarización de la revolución frente a la cruel realidad que la ciudad enfrentaba a diario, y la actual falta de solución política para la crisis.

“Me asusta ese pensamiento,” me contestó. “Me encuentro dividido entre el deseo de ver un estado civil en Siria, donde cada individuo no pertenezca a otra entidad que no sea su país, y el querer ver el final de tanta muerte a toda costa, incluso si significa la militarización de la revolución. Mentiría si dijera que no he pensado en tomar las armas tras la muerte de mis camaradas.”

“Lo que me frena es la seguridad de que a quien sea que matara no sería otro que un ciudadano sirio, y con él mataría el sueño por el que me uní a la revolución.”

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