Autora: Loubna Mrie   |   Traducción: Elisa Marvena

Original en inglés: Al Araby| 14/07/2017

Para muchos de los que siguen el conflicto sirio, ahora en su sexto año, la amenaza del radicalismo y el futuro de Siria cuando acaben los enfrentamientos encabezan su lista de preocupaciones.

Después de tantos años de masacres, algunos comentaristas y analistas extranjeros han comenzado a apoyar de nuevo al gobierno sirio, argumentando que “la única alternativa al estado policial de Asad es el caos islamista”.

Para estos observadores, los sirios son “terroristas de al-Qaeda” o partidarios de Asad, negando la existencia de aquellos que se encuentran en medio de estas posturas.

Lo que a menudo falta en estas conversaciones es la perspectiva del pueblo, que está en este momento enfrentándose al gobierno sirio y a al-Qaeda

Muchos de los mismos que se enfrentaron a las balas al manifestarse contra la brutalidad del régimen sirio, enfrentan ahora la misma represión de parte de grupos radicales que emergieron de su violencia.

Pero que estas voces estén censuradas o bajo amenaza, no significa que no existan. Todo lo contrario; existen, pero a menudo se quedan en la oscuridad, sin ser citadas, incluso por aquellos que dicen apoyar al pueblo sirio.

El rol de la cobertura mediática

Decir que Bilal Abdulkareem es una figura controvertida es quedarse corto, pero a menudo los medios utilizan este eufemismo para describir al ex-cómico de Nueva York, que se ha convertido en un propagandista extraoficial para algunas de las facciones más extremas del norte de Siria.

Al ofrecer una plataforma casi exclusivamente a yihadistas, Abdulkareem se ha vuelto un ejemplo particularmente extremo de los que avivan el fuego de las visiones sectarias y binarias sobre el levantamiento sirio y la guerra civil.

Ha entrevistado a predicadores de al-Nusra como  Abdullah al-Mohesni, y ofrece regularmente su plataforma a líderes de al-Nusra que son personalmente responsables de la muerte y desaparición de incontables activistas sirios.

Abdulkareem está borrando a los valientes activistas que resisten contra la ley de al-Qaeda en la provincia de Idlib, quines hasta el día de hoy organizan protestas condenando a al-Nusra y llamándolos “shabiha”, término despectivo para los matones del régimen.

Lo que Bilal no quiere entender o no quiere contar a sus seguidores, es que grupos como al-Nusra y Jund al-Aqsa nunca han dicho apoyar el levantamiento sirio.

Han dejado claro desde el principio que están en Siria con su propia agenda, en busca de sus objetivos. El posicionamiento de Bilal contra el gobierno de Asad no debería hacernos ignorar cómo sus acciones contribuyen a “limpiar” la reputación de estos grupos. Para muchos sirios, su activismo está haciendo mucho daño a la causa democrática.

Aunque Abdulkareem lleva años en Siria, parece que no se ha enterado de que la bandera de la independencia siria – convertida en símbolo del levantamiento – está prohibida por los grupos extremistas en extensas zonas del norte de Siria.

Los activistas se han arriesgado a ser detenidos por llevar brazaletes con los colores de la revolución: verde, negro y rojo. En general, cualquiera que no esté de acuerdo con la ideología extremista de estos grupos se enfrenta al arresto o el asesinato.

A los extremistas no les importa si los activistas a los que oprimen son activos contra el gobierno sirio o no, sólo les importa que sigan sus normas.

Desde mediados de 2015, al-Qaeda y sus grupos afiliados se convirtieron en la fuerza dominante en la provincia de Idlib, al norte de Siria. Desde que tomaron el control, han usado las mismas técnicas que el gobierno sirio utilizó contra la población de Idlib allá en 2011.

Hyatt Tahir al-Sham (HTS, antes conocido como al-Nusra) y sus asociados han disparado a manifestantes con munición real, arrestado a los que reportan y denuncian asuntos críticos, y asesinado a cualquiera que vean como una amenaza a su existencia. HTS/JAI han arrestado consistentemente a activistas que habían estado antes en las cárceles de Asad por su participación en el movimiento de protestas de 2011.

Los que apoyan a los extremistas defienden estas detenciones, acusando a los activistas de ser espías pagados por Occidente; las mismas acusaciones que hace el gobierno sirio contra ellos.

Justo el mes pasado, Jabhat al-Nusra atacó la ciudad de Maarat al-Numan, en la provincia de Idlib. Los extremistas mataron a civiles e intentaron tomar la base del Ejército Libre Sirio y detener a sus miembros. La población se manifestó durante días y reaccionó agresivamente, a menudo atreviéndose a burlarse de los combatientes de al-Nusra con sus manifestaciones.

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Niña fotografiada durante las protestas en Maarat al Numan. Su cartel dice: Jabhat al Nusra, tu fin llega en Maarat al Numan. No humillarás a quines no humilló Bashar. Fuente: Twitter

Sólo unos pocos medios cubrieron estas importantes noticias.

En cuenta de cubrir el movimiento, Bilal Abdulkareem, que estaba a pocos kilómetros, decidió dedicar su considerable plataforma a uno de los que llevaron a cabo el ataque contra Maarat al-Numan. Durante las entrevistas de Abdulkareem no se mencionó la invasión de Nusra sobre la ciudad rebelde.

Para mí esto no es posicionarse con el pueblo sirio, sino ponerse del lado de la ideología de al-Qaeda a la cual los sirios se oponen apabullante.

Para los sirios que se manifestaron en contra de Asad, estos grupos radicales son contrarrevolucionarios. No son parte del levantamiento. No es justo ni acertado poner a todos los que no apoyan a Asad en el mismo saco. A este binario le faltan matices y, es más, le falta al respeto a los activistas que han muerto a manos del gobierno y las facciones extremistas.

Bilal Abdulkareem no es el único que echa leña a este binario. Muchos periodistas occidentales hacen lo mismo pero desde la relativa seguridad de la zona gubernamental, o desde la comodidad de sus lejanos países occidentales.

Esta gente pinta a Asad como la única alternativa a la ley extremista. Su argumento es que si no estás del lado del dictador, eres por defecto seguidor de al-Qaeda, y estás a favor de un país gobernado por radicales.

Y así como en el caso de Bilal, la voz de los sirios que se oponen a estos dos bandos queda completamente fuera de su cobertura.

La lucha a vida o muerte entre revolucionarios y extremistas ha sido ignorada demasiadas veces, o rechazada directamente, por los comentaristas occidentales – cuya desconexión les impide entender las sutilezas de la situación. El levantamiento en Maarat al Numan es un símbolo de la resistencia de los revolucionarios sirios. Pero tras la muerte de decenas bajo las bombas del régimen, los que hacen apología del régimen caracterizaron la ciudad como un hervidero de simpatizantes de al-Nusra.

Los periodistas occidentales ocupados con excusar las atrocidades del régimen nunca se molestaron en expresar su simpatía o preocupación por los prisioneros hechos rehenes por Nusra. El poderoso y brutal Jaysh al-Islam (JAI, o “Ejército del Islam”), que gobierna el suburbio sitiado de Ghuta en Damasco, es despreciado por su autoritarismo y está actualmente reprimiendo las protestas contra su gobierno.

Hace unos meses salió a la luz un impactante video de combatientes de JAI disparando contra manifestantes. El ejército del Islam -que actualmente tiene un papel desmesurado e injusto en la delegación de la oposición en las negociaciones intermitentes en Astana- es la fuerza maligna detrás del secuestro de uno de los iconos más queridos de la revolución siria: la abogada convertida en activista Razan Zeitouna.

Zaitouna ayudó a fundar los Comités Locales de Coordinación, las asambleas legislativas elegidas democráticamente que fueron la vanguardia de la revolución siria. Ella era un símbolo de resistencia y liberación para el pueblo de Duma, razón por la que Jaysh al-Islam sintió que debía eliminarla.

Los comentaristas extranjeros que condenan el levantamiento sirio en su totalidad están usando a los extremistas como una cortina de humo. No mencionan a Razan Zeitouna ni a los Comités Locales de Coordinación. De hecho, la mayoría no han oído hablar del rol que tuvieron en el levantamiento.

Para aquellos que reducen Siria a un binario entre los yihadistas y la policía, Razan y las víctimas del extremismo al que dicen oponerse, no existen.

El fondo de la cuestión es que la revolución no presenta una elección binaria entre la anarquía extremista y el estado policial.

Los revolucionarios que se manifestaron pacíficamente en 2011 aún siguen ahí fuera. Miles de ellos murieron, pero millones aún viven, desperdigados por toda Siria y por los campos de refugiados del mundo.

Algunos están en el mismo punto en el que empezó la revolución, muchos lideran protestas en Idlib contra HTS, y algunos viven bajo el asedio del gobierno, o resistiendo en silencio dentro de los territorios ocupados por el ISIS.

Unos cuantos afortunados han conseguido la residencia en países occidentales, pero para la mayoría de los que nos alzamos, nuestras demandas continúan siendo las mismas desde el primer día. No queremos un mundo binario, no queremos que Nusra o Jaysh al-Islam marchen sobre Damasco.

Queremos que Bashar Assad se meta en un avión y se vaya del país para que podamos construir la paz y comenzar el meticuloso proceso de celebrar elecciones y reconstruir el país.

Loubna Mrie es una activista siria que participó en el primer periodo de la revolución. Más tarde se convirtió en periodista con Reuters y cubrió el conflicto. En este momento vive en Nueva York, donde es investigadora y comentarista sobre asuntos relacionados con Siria y el Medio Oriente y cursa un master en la NYU. Su trabajo ha sido publicado en conocidos medios de comunicación. 

Síguela en en Twitter: @loubnamrie

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